Acreditar la experiencia laboral para tener un título: "No me costaron las pruebas porque lo he hecho durante mucho tiempo"

“Hace tres años, yo trabajaba en un gimnasio y nos hablaron del sistema de acreditación de experiencia profesional. En ese momento me quedé con la información y un tiempo más tarde un amigo me avisó de que ya habían abierto convocatorias, y me apunté”, cuenta Carla Blanco a 20minutos. Como ella, muchas otras personas han acudido a este proceso que ofrecen las comunidades autónomas para reconocer las competencias profesionales adquiridas por experiencia laboral o vías no formales de formación. Al final, es una forma de dejar constancia de los conocimientos acumulados sobre un sector específico tras años de trabajo.

Según la EPA, el 46% de la población activa -más de 10 millones de personas- carece de acreditación profesional, a pesar de que desempeña su actividad laboral a diario. Esto es algo en lo que el Ministerio de Educación viene poniendo el foco en los últimos meses, y sobre todo después de aprobar la nueva ley de Formación Profesional (FP), que fortalece el sistema con una inyección de casi 180 millones de euros.

El problema, según el Gobierno, es que esa falta de reconocimiento "dificulta su acceso a mejores empleos y condiciones laborales, así como su incorporación a la formación". Pues bien, si en la última década tan solo 300.000 personas han podido acreditar sus competencias, con el impulso del nuevo modelo el departamento de Pilar Alegría pretende llegar a 750.000 trabajadores este año y acreditar las competencias de tres millones de personas hasta 2023.

"Pasarelas" a la formación

Carla Blanco, de 41 años, trabajó en un gimnasio durante diez años como monitora y entrenadora. A ella no le faltan estudios oficiales (que es el caso de gran parte de las personas que abogan por este sistema), pues se licenció en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, pero decidió presentarse a la convocatoria para cursar un Grado Superior de FP y formarse como Técnico en Acondicionamiento Físico. "Las cualificaciones que elegí me interesaban para estudiar eso, porque me han reconocido unidades de competencia que tienen convalidación dentro de los módulos", explica. "No lo necesitaba por cuestión de cubrir la parte legal, sino que estoy haciendo una oposición y obtener este título me daría más puntuación", añade Blanco, quien se apuntó en las cualificaciones de Sala, Soporte Musical, Natación e Hidrocinesia.

El caso de Blanco es un claro ejemplo de cómo, más allá de una herramienta de reconocimiento propio y ajeno en el ámbito laboral, la acreditación de competencias puede servir como "pasarela" del empleo a la formación, o viceversa, tal y como destaca a 20minutos Mirian González, subdirectora general de Cualificación y Acreditación Profesional de la Comunidad de Madrid.

Demostrar la experiencia

Ahora bien, para poder optar a ese reconocimiento hay que cumplir con una serie de requisitos y pasar una serie de etapas. La convocatoria está abierta de forma permanente desde 2021, por lo que no hay un plazo de tiempo determinado para presentarse. Eso sí, hay que ser mayor de edad (para las cualificaciones de nivel 1) o tener 20 años (para los niveles 2 y 3), y acumular una mínima experiencia laboral (de al menos tres años) y/o formación (al menos 300 horas) relacionada con las competencias profesionales que se quieren acreditar.

Luego hay tres fases a superar: una de asesoramiento, una de evaluación y otra de acreditación, durante las cuales el solicitante va manteniendo entrevistas con varios profesionales que, a través de una serie de pruebas y al recabar la documentación presentada, determinan si cumple con las condiciones para concederle el título. "Si es por experiencia laboral, deben presentar contratos de trabajo, certificados de funciones o cualquier papel que avale esa experiencia. Si van por vía de formación no formal, pues con diplomas, por ejemplo", explica González.

"No me costó superar las pruebas porque son funciones que has hecho en el trabajo durante mucho tiempo"

Begoña Pérez es una de las encargadas de realizar esas evaluaciones. Según cuenta a este diario, las pruebas que realizan pueden ser tipo test, teórico-prácticas o completamente prácticas. "Estas últimas son las más complicadas", explica, porque los solicitantes tienen que demostrar que pueden hacer una determinada actividad en el mismo puesto de trabajo. Entonces, para trabajos concretos -como control de plagas o en asistencia sanitaria- la labor se complica porque los evaluadores no pueden intervenir en el puesto de trabajo.

Hay veces que los evaluadores consideran que no se acumula la experiencia necesaria. Entonces, se plantea llevar a cabo formaciones alternativas para poder optar a la acreditación. "Yo no tuve que hacer nada. Presenté muchas pruebas, ya tenía experiencia y había hecho algún curso", relata Blanco. En cuanto a las pruebas que tuvo que ir pasando, asegura que apenas le costó superarlas "porque son funciones que has hecho en tu trabajo durante mucho tiempo".

Todavía un "gran desconocido"

El camino tomado por Blanco es ahora una herramienta muy útil, pero lo irá siendo todavía más a medida que pasen los años. "Cuando cambie la ley de deporte, por ejemplo, hay muchos profesionales que se van a quedar sin poder trabajar, porque se endurecen los requisitos para determinados puestos que ahora no exigen estar en posesión de ningún título", afirma. Será entonces, según prevé, cuando se dispare la demanda en todas las cualificaciones profesionales relacionadas con el ámbito.

En línea con Blanco, la subdirectora de Cualificación y Acreditación Profesional cuenta que el volumen más importante de acreditación "ha venido de la mano de las profesiones reguladas", que son las que dependen de una regulación específica para cada actividad; normalmente relacionada con el ámbito de las ciencias de la salud, las ingenierías o la educación.

Con todo, se trata de un servicio cuya existencia pasa todavía muy desapercibida entre la población. "Estamos detectando que es el gran desconocido y por eso estamos llevando campañas de difusión", señala. González destaca la importancia de remarcar los "beneficios" que supone el proceso de acreditación, tanto para el ciudadano como para las empresas.

"Decir que tengo un personal cualificado, preparado y con un título mejora la competitividad, de cara a la propia empresa y para los clientes. Porque muchos están preparados, pero no tienen el título", subraya.

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