Carlos Aranda, el trotamundos del fútbol que vivía al margen de la ley

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Carlos Aranda

El Palo, Málaga. Un barrio marinero de la ciudad andaluza, muy cercano a la playa e ideal para degustar los pescados de la tierra, que a diario venden en la lonja los muchos pescadores que lo habitan. Allí, entre sus calles, se crío Carlos Aranda. El exfutbolista que más ha copado la actualidad en las últimas semanas. Cabecilla de la 'Operación Oikos' contra los amaños de partidos, junto a Raúl Bravo...y mucho más.

Aranda, el futbolista que ha jugado en más equipos de Primera División, hasta ocho, ha quedado retratado a raíz de la trama de amaño de partidos y apuestas ilegales como alguien acostumbrado a hacer 'su propia ley'.

Desde muy pequeño experimentó el lado más crudo de la vida, cuando su padre se marchó y su madre, que coqueteaba con las drogas, murió de cáncer cuando él apenas tenía 9 años. Sus abuelos se encargaron de su crianza, en el marco de una familia muy numerosa y muy conocida en el barrio.

'El Clan de los Aranda' controla las calles de 'El Palo', aunque el pequeño Carlos, ya todo un adolescente a mediados de los 90, parecía emprender un camino diferente.

Tras sus pinitos en las categorías inferiores del equipo de su barrio, Vicente del Bosque se lo llevó al Real Madrid. Comenzaba el gran sueño de Aranda que, aunque había robado una moto con 15 años y el club lo sabía, estaba listo para llevar una vida diferente.

Así, bajo la disciplina blanca, llegó incluso a disputar dos partidos de Champions, aunque nunca cuajó en el primer equipo. Ya en aquella época, según recogen varios relatos de periodistas que cubrían la actualidad madridista por entonces, Aranda había protagonizado algún que otro percance en las discotecas que solían frecuentar los jugadores del Real Madrid.

Mientras su familia seguía su curso en el Palo, como clan dominador de sus calles, Aranda comenzaba un periplo futbolero, de trotamundos, que le llevaría a militar en las filas de Numancia, Villarreal, Osasuna, Levante, Granada, Las Palmas...así, hasta un total de 12 clubes y vuelta al Palo, donde colgó las botas en 2016.

Aranda ya había sido detenido anteriormente y se había visto envuelto de forma directa en los negocios de narcotráfico de su clan, pero no ha sido hasta este 2019 cuando se ha conocido todo el entramado que el jugador tenía orquestado para ganar dinero amañando partidos.

Paradojas de la vida, la Policía descubrió a qué se dedicaba porque le habían pinchado el teléfono en el marco de una investigación contra el tráfico de drogas.

Pese a que el fútbol se puso en su camino para tratar de enderezar su vida, Aranda, en el fondo, nunca abandonó su barrio.

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