Caseros e inquilinos: cómo incluir el alquiler en la declaración de la Renta 2019-2020

La Declaración de la Renta o IRPF es un tributo que pagan todos los ciudadanos de forma progresiva en relación a los ingresos de cada persona. En relación a estos ingresos, se tienen en cuenta la renta del contribuyente (trabajo, capital y actividades económicas, ganancias y pérdidas patrimoniales y las imputaciones de reta que se establezcan por ley (rentas inmobiliarias, transparencia fiscal internacional y cesión de derechos de imagen).

Así, en la declaración de la renta, tiene mucho peso el hecho de que el contribuyente tenga una vivienda en propiedad que alquile a otra persona para sacarle un rendimiento, ya que esto cuenta como capital.

El contribuyente que obtiene ingresos a través del arrendamiento de una vivienda constituye para esta persona, que es el arrendador, un rendimiento de capital inmobiliario, por lo que estos ingresos se declaran en el IRPF.

Así, se considerará capital inmobiliario aquellos que deriven del alquiler o cesión de uso o disfrute sobre bienes inmuebles, tanto rústicos como urbanos, cuyo propietario sea el contribuyente.

“La cuantificación del rendimiento se realiza restando de los ingresos los gastos deducibles y aplicando sobre esta cantidad, en los casos que proceda, determinadas reducciones”, explica en su web la Agencia Tributaria.

Además, hay que tener en cuenta que si el arrendamiento se realiza como una actividad económica, ya no se concibe como capital inmobiliario, sino que pasarán a declararse como actividades económicas. Este caso se da cuando para el arrendamiento haya contratada una o más personas a jornada completa que realice la gestión de dichos arrendamientos.

El arrendatario, es decir, la persona que alquila, también puede desempeñar un papel en la declaración en el supuesto de las cantidades percibidas por este en el traspaso o cesión de los derechos de arrendamiento. En este caso, se considerarían ganancias de patrimonio, a no ser que los ingresos provengan de un subarrendamiento que realice el propio arrendatario, por lo que pasarían a ser considerados capital mobiliario.

El subarrendamiento consiste en el alquiler o cesión del uso y disfrute de la vivienda por parte del propio arrendatario, es decir, del propio inquilino que la tiene, a su vez, alquilada. Así, como se ha explicado, estos ingresos serían considerados capital inmobiliario. Sin embargo, si el propietario participa en el precio del subarrendamiento, sería considerado capital inmobiliario.

En cuanto a los alquileres, pueden existir otras situaciones por las que también se tributa pero de forma diferente. Es el caso, por ejemplo, de la deducción aplicable cuando se alquila la vivienda habitual. En este supuesto el contribuyente puede optar a una deducción siempre que se hubiera celebrado el contrato de alquiler antes del 1 de enero de 2015 (año en el que cambió la legislación) y hubieran tenido derecho a la deducción con anterioridad a ese mismo año.

La deducción sería del 10,05% siempre que la base imponible sea inferior a 24.107,20 euros anuales. Esto corresponde únicamente a una deducción estatal y no afecta a nivel autonómico.

Otra situación se da con el alquiler de una única habitación en la vivienda habitual. Así, la Agencia Tributaria estipula que el alquiler de una parte de la vivienda, residencia habitual del contribuyente, constituye ingresos de capital inmobiliario a la hora de hacer la declaración.

También se puede llevar a cabo el arrendamiento de una vivienda rural. En este supuesto existen dos casos: si el arrendador presta servicios de limpieza, comidas y otros, se considera que está realizando servicios de hospedaje rural. Sin embargo, su únicamente alquila la vivienda rural sin ningún tipo de servicio, entonces los ingresos se consideran capital inmobiliario.

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