La contracrónica del debate: un Rivera poético y con ímpetu, un Casado moderado, un Sánchez incómodo y un Iglesias comedido

EMILIO ORDIZ

Debate a cinco

El debate electoral ha tenido varias lecturas. La puramente propositiva, y también el cómo y el porqué de cada palabra, de cada gesto, de cada postura y de cada estrategia de los candidatos. Mirando con otros ojos, fue un debate de detalles.

Con su corbata roja de las grandes citas, el líder del PSOE empezó con un discurso muy medido que apenas abandonó. Tuvo empatía con Pablo Iglesias y puso la mano en el hombro de Podemos sobre la "policía patriótica".

Trató de ser además el héroe que ponga coto a Vox en las elecciones: "No creía que Trump fuese a ganar y ganó, la extrema derecha es muy peligrosa", dijo. Por otro lado, afeó también al PP que siga "apostando por la corrupción".

Sin rebates a Iglesias, Sánchez pareció cómodo siendo el blanco de Casado y Rivera, hasta que llegó el bloque sobre Cataluña. En ese momento, a Sánchez se le vio nervioso y con dudas. Incluso tuvo que ser rescatado por Iglesias. Muy encorsetado, se puso el traje de presidente sin salirse del guion.

Casado abandonó el tono más beligerante

No fue el Casado de las últimas semanas. Durante la primera mitad del debate abandonó el tono beligerante contra Sánchez y optó por dejar claras sus propuestas de gobierno para presentarse como alternativa a los socialistas.

Solo elevó su tono crítico al hablar de la crisis catalana: "Los que quieren romper España tienen a Sánchez como su candidato favorito", dijo con firmeza. El candidato popular dejó pocos golpes de efecto a lo largo del debate.

Aunque tranquilo, puso poco empeño a la hora de confrontar, sobre todo con Rivera, al que se dirigió para dejarle claro que ellos no son los "adversarios". Quiso proponer en lugar de solo criticar y se apoyó en datos y en promesas para evitar una imagen agresiva. "Quiero gobernar para todos", concluyó.

Iglesias, con la Constitución

Sin soltar un ejemplar en miniatura de la Constitución, se vio al Iglesias más comedido. De hecho, buscó el acomodo del argumentario habitual de Podemos en los artículos de la Carta Magna. El líder morado solamente sacó el carácter guerrero de sus inicios cuando lanzó una serie de reproches a Sánchez: casi al final del debate trató de poner al presidente entre la espada y la pared respecto a un posible pacto entre PSOE y Cs después de las elecciones, y además le acusó de mantener las llamadas cloacas del Estado.

Iglesias abordó los asuntos más polémicos de la campaña en un tono políticamente correcto. Dio la sensación de ser el que más se reservó para el segundo debate. Fue, por otro lado, al que menos alusiones hicieron el resto de candidatos, incluido Sánchez.

Rivera, el que más ímpetu mostró

Rivera se apoyó en Unamuno para reivindicarse como la alternativa de centro: "Me duele España". Muy despierto en todo momento, e incluso ingenioso, atacó casi a partes iguales a PP y PSOE, y tendió la mano a Casado solo cuando era inevitable. En ciertas fases, eclipsó a Casado, y fue casi poético. "Señor Sánchez, baje del Falcon, aterrice", dijo interpelando al presidente del Gobierno, a quien también dedicó una foto del líder socialista con Quim Torra apoyada sobre el atril.

Y no perdió ocasión. Hizo una pausa casi dramática en el minuto de oro: "¿Oyen eso? Es el silenció cómplice de Pedro Sánchez [con los independentistas]. También tuvo para Casado, parafraseando a la ministra Montero. "El milagro económico del PP está en la cárcel", sostuvo con una imagen de Rato.

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