El cuerpo y el frío: ¿"se va el calor" por la cabeza? ¿Las mujeres son más frioleras?

Siempre que llegan las bajas temperaturas, surgen las antiguas creencias populares que nos invitan a envolvernos en mil capas, no olvidarnos el gorro porque ‘el calor se va por la cabeza’ o no andar en casa descalzos por temor a coger un resfriado, pero ¿qué hay de verdad en estas afirmaciones en torno al frío?En realidad, el calor se va por cualquier parte del cuerpo que tengamos expuesta al frío, y la cabeza suele ser una de ellas. Y es que, aunque no lo parezca, la cabeza representa alrededor de un 10% de nuestra superficie y nuestro peso corporal. Por tanto, sí es importante cubrirnos la cabeza en días de muy bajas temperaturas para evitar quedarnos fríos, sobre todo en personas calvas o con poco pelo, que ejerce como un gran aislante natural. Además, es recomendable que los gorros -y una bufanda adicional- cubran las orejas y la nariz, muy sensibles al frío.Las manos y los pies no representan un porcentaje de masa corporal tan grande como la cabeza y, por tanto, no es tan problemático que quedes expuestos al frío. He hecho, las manos y los pies se enfrían tan rápido porque son las zonas más periféricas de nuestro organismo y, con las bajas temperaturas, nuestro cuerpo prioriza el bombeo de sangre en los órganos vitales internos para que estos no pierdan temperatura y funcionen correctamente.Así, las son las últimas en recibir sangre y, sobre todo si además tenemos problemas de circulación, se enfrían rápidamente. A no ser que estemos expuestos a temperaturas tan extremas que corramos el riesgo de perder alguna extremidad, la sensación de frío en manos y pies puede llegar a ser muy molesta, pero no repercute de manera negativa sobre nuestra salud, ni siquiera, como suele afirmarse, hace que cojamos más resfriados.Para evitar las molestias derivadas del frío en las extremidades, no queda otra que abrigarse bien con unos buenos guantes y un calzado adecuado y aislante.Siempre y cuando no comamos más que lo que ‘quemamos’, sí, pero más que adelgazar, el frío hace que nuestro cuerpo queme más calorías. Para poder llevar a cabo las funciones vitales, nuestro organismo debe estar siempre a una temperatura más o menos constante. Cuando la temperatura del exterior desciende, el cuerpo tiene que generar calor por sí mismo para mantener la temperatura adecuada, y para hacerlo, quema la denominada ‘grasa parda’. Si no reponemos esa grasa, podemos terminar perdiendo peso, pero como nuestro es sabio, también reacciona aumentando nuestra sensación de hambre.Aunque depende de la naturaleza de cada uno se más sensible al frío, por lo general, así es, pues la grasa corporal, en concreto la grasa subcutánea, actúa como aislante conservando el calor y protegiéndonos del frío. Por tanto, una persona con escasa grasa corporal estará más expuesta al frío que una con mayor cantidad de grasa.Sí, y en ello incluyen varios factores, como una mayor cantidad de masa musculatura en el hombre, un metabolismo más rápido, las hormonas femeninas… y que el organismo femenino actúa antes frente a las bajas temperaturas. Cuando la temperatura desciende, sus vasos sanguíneos se cierran más rápidamente, y, como consecuencia, la piel nota antes el frío. En los hombres, este mecanismo es más lento.Por suerte, nuestra naturaleza es muy adaptativa y nuestro cuerpo, como el de otros seres vivos, tiende a adaptarse al medio ambiente en el que habita para sobrevivir. Así, aunque a nosotros nos parezca insoportable, un ruso puede pasear tranquilamente a varios grados bajo cero e incluso ir en manga corta cuando en España estamos muertos de frío. Y lo mismo ocurre a lo largo del invierno. Nuestro cuerpo es más sensible a los primeros fríos y, a medida que el invierno avanza, este nos afecta menos.

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