La defensa de la UE

La invasión de Ucrania nos enfrenta como europeos y demócratas a una situación diabólica. La agresión a la soberanía y a la integridad territorial por parte de Rusia contra su país vecino es inaceptable. Los argumentos de Moscú son solo excusas porque Ucrania no suponía ninguna amenaza para su seguridad. También es falso que la culpa descanse sobre las espaldas de la expansión de la OTAN hacia el este, como repite cierta izquierda europea en sintonía con la extrema derecha.

Si la organización atlántica se hubiera disuelto cuando desapareció el Pacto de Varsovia, hoy estaríamos ante un conflicto mucho más generalizado porque el expansionismo ruso vería más fácil volver a las fronteras anteriores al colapso de la URSS. El problema, pues, no es la existencia de la OTAN misma, sino el fracaso de la vía democrática en Rusia y el régimen criminal de Vladimir Putin. Por tanto, mientras los ucranianos quieran seguir luchando para defender su independencia, los países democráticos tenemos la obligación de ayudarlos.

Ahora bien, ¿qué precio estamos dispuestos a pagar los europeos? Porque, seamos claros, ni a corto ni a medio plazo parece posible expulsar militarmente a las tropas rusas del Donbás ni de Crimea. Sin olvidar tampoco que Putin está al frente de una potencia nuclear, y que se declara dispuesto a reducir Europa a cenizas antes de asumir una derrota convencional. Y en este análisis es donde la posición de París, Berlín y Roma difiere con la de Londres y Washington. Estos últimos, con el apoyo de los países bálticos y de Polonia, apuestan por alargar la guerra todo lo que sea necesario para derrotar a Putin, haciendo de Ucrania un nuevo Afganistán para Rusia.

En cambio, Francia, Alemania e Italia están deseando en realidad poner fin a una guerra que no solo ha encendido una espiral inflacionista, sino que va camino de meternos en una recesión económica socialmente muy difícil de gestionar. La paz, pues, a cambio de cesiones territoriales de Ucrania, tal vez dividiéndola como sucedió con Corea.

El problema es que esto último no está en nuestras manos, la de los europeos occidentales. Mientras tanto tenemos que permanecer unidos y gastar más dinero en defensa, sobre todo de cara a hacer posible la autonomía estratégica de la Unión Europa. Porque tan cierto es que hoy en Ucrania se lucha frente a Rusia por valores democráticos, como que el futuro político de Estados Unidos es dudoso, con un posible retorno de Donald Trump al poder en 2024. ¿Qué ocurriría entonces con la OTAN? De la misma forma que fue difícil prever esta guerra, tampoco sabemos cómo ni cuándo va a resolverse. Lo único sensato que podemos hacer es aprovechar esta brutal crisis para fortalecer integralmente la UE.

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