Las defensas de 'La Manada' y el 'in dubio pro reo': sembrar dudas para cosechar la absolución

AMAYA LARRAÑETA (PAMPLONA)

Agustín Martínez Becerra

'In dubio pro reo': Principio del derecho penal que estipula que en caso de duda, por ejemplo por insuficiencia probatoria, se favorecerá al imputado.

Las defensas de los 5 acusados de la violación grupal de Sanfermines de 2016 dedicaron la última jornada del juicio a sembrar dudas y sospechas sobre todas las pruebas, acusaciones y testigos de este mediático proceso, desde la denunciante y hasta la fiscal, en un intento de cosechar para sus defendidos la libre absolución.

Los letrados Agustín Martínez Becerra, Jesús Pérez y Juan Canales emplearon ocho horas en tres alegatos muy personales en lo formal pero con una teoría subyacente compartida, la de que sus defendidos —los sevillanos José Ángel Prenda, Ángel Boza, Jesús Escudero, Antonio Guerrero y Alfonso Jesús Cabezuelo— creyeron en todo momento que las relaciones sexuales que mantuvieron en un portal con la denunciante eran consentidas.

El más mediático de los letrados en este proceso, Agustín Martínez Becerra (representante de Prenda, Boza y Escudero), en un discurso con ínfulas literarias, denunció que sobre una "escueta" denuncia se había montado la "tormenta perfecta" contra sus defendidos y achacó al jucio social paralelo — "en la calle, en los mercados e incluso en el Parlamento"— un intento de filtrar en sede judicial, "con ríos de tergiversaciones", el "mar de la condena" para afectar "el recto juicio" del Tribunal en el veredicto final.

El abogado adujo que en el juicio no se ha podido probar que la víctima no diera el consentimiento sexual. Y para demostrarlo rescato un frase literal de la denunciante durante su declaración. Preguntada si hizo algún gesto, manifestación o actuación que les pudiera indicar que ella no quería realizar prácticas sexuales, los abogados dijeron que ella contestó: "No hablé, no grité, no hice nada. Entonces yo cerré los ojos y ellos pudieron pensar como que estaba sometida o como que no". A ese "como que no" se aferró también después el segundo de los letrados, el defensor del guardia civil Antonio Guerrero.

Martínez Becerra mantuvo que "las relaciones sexuales fueron pactadas" desde el inicio por los 6 participantes y que no hubo una exteriorización "clara y sin matices" de que no se prestaba consentimiento.

Más bien, a su juicio, lo que ocurrió en Pamplona el 7 de julio de 2016 en un portal de madrugada fueron "unas relaciones sexuales no satisfactorias" para la víctima "que le generó una serie de problemas" de estrés. El abogado de tres de los acusados echó por tierra todas las periciales del proceso. Las tachó de "contaminadas" por una corriente política "noble" contra las "agresiones sexuales". Tampoco le gustó la investigación de la Policía Municipal y Foral de Navarra y calificó de "enredo" sus declaraciones en el proceso. Sus dardos alcanzaron hasta a la fiscal, Elena Sarasate, a la que reprochó intención en no citar a un determinado funcionario como testigo.

El caso era sembrar sospechas y dudas, y la propia denunciante no se quedó al margen de los dardos de los abogados de los cinco sevillanos. De la joven madrileña las defensas dijeron desde que mintió, que fabricó su declaración, hasta criticaron su jovialidad, descartaron rasgos psicológicos que presuponen a una víctima de agresión sexual, pero, eso sí, la calificaron de "histriónica", de exagerada. Todo con el fin de infundir dudas sobre la credibilidad de su declaración, la principal prueba de cargo contra los acusados cuyas penas podrían sumar hasta 26 años de prisión.

El segundo abogado de la defensa en comparecer, Jesús Pérez, además de insistir en la teoría de que en el cubículo de Paulino Caballero, una ratonera para las acusaciones, no hubo agresión sexual sino "una experiencia primeriza y no satisfactoria" de sexo en grupo que causó "malestar psicológico" y "arrepentimiento" en la víctima, considerando que el verdadero móvil de la denuncia fue su preocupación por el robo del móvil y por las prácticas "sexuales sin preservativo, sin uso de anticonceptivos". Los tres letrados de la defensa coincidieron en señalar su convencimiento de que influyó en la denuncia el temor a que las grabaciones sexuales, que dicen conocía, pudieran ser compartidas en redes sociales.

La labor de las defensas, en efecto, se centró en rebatir cualquier argumento que presentara los hechos como un delito continuado de agresión sexual. De las periciales subrayaron que los médicos no apreciaron lesiones en la víctima y que no ha quedado probado que la víctima esté siendo tratada por estrés postraumático.

También coincidieron las defensas exonerar a los cinco sevillanos aludiendo a que no trataron de huir a la carrera después de los hechos juzgados. 

"¿Alguien piensa que después de una violación tan salvaje como nos quiere hacer creer la fiscalía dejando solo a la chica a falta de ponerse los leggings iban a salir tranquilamente? Que no estaba atada, ni drogada, ni sujeta a nada que le hubiera impedido salir a pedir ayuda", defienden sus abogados.

En su descargo todos mencionaron también que se mostraron "colaboradores" con la Policía desde el primer momento en el que son informados de la investigación y alegan que ellos mismos entregaron los vídeos con las grabaciones sexuales entendiendo que en ellos estaba la prueba que les exoneraría porque, según sus defensas, las imágenes recogen solo prácticas sexuales consentidas por todas las partes.

En la vista, y con los acusados bastante más relajados que el día anterior —cuando tuvieron que escuchar de la fiscal que actuaron de manera "organizada" contra la víctima a la que sometieron "con grave intimidación"—, los abogados sí se refirieron con mayor detalle a las imágenes grabadas y fotografiadas del encuentro sexual grupal. Lo hicieron para defender que en algunos de los momentos se intuye acción proactiva de la denunciante y despejar las dudas sobre una sumisión sobrevenida por el estado de 'shock' que ella alega.

En la cinta, digan lo que digan los peritos, los defensores solo ven "una película porno". Y pidieron al Tribunal que se quitara los prejuicios para entender que "a una joven de 18 años puede resultarle atrayente querer tener sexo con cinco hombres" en un contexto de "desenfrento etílico y sexual" como son los Sanfermines, añadieron.

Sin considerar acreditadas las pruebas de los hechos delictivos de agresión sexual continuada, las tres defensas apelaron al principio del derecho penal del 'in dubio pro reo' para exigir su absolución. Martínez Becerra defendió que los cinco "no deben estar ni un día más privados de libertad" (llevan desde la mañana siguiente a los hechos, 16 meses, en prisión).

"No son modelon de nada, unos verdaderos imbéciles en algunas cosas, patanes y primarios, interesados en el fútbol, la pertenencia al grupo y por mantener relaciones sexuales con muchas mujeres, pero también son buenos hijos y están profundamente unidos a sus familias y amigos", alegó antes de considerar que han visto "su imagen destrozada y sus nombres vilipendiados sin que hayan cometido el delito"

Los cinco acusados pudieron realizar al final de los alegatos de sus abogados una última declaración. Fueron parcos en sus exposiciones, que en nada difirieron unas de otras: "Me declaro inocente y confío en la Justicia de este país" fueron sus básicas comparencias. Y el juicio quedó visto para sentencia.

Fuentes jurídicas creen que el Tribunal, presidido por José Francisco Cobo, se tomará hasta después de Navidad para preparar una sentencia que podrá ser recurrida ante el Tribunal Superior de Justicia de Navarra y también en casación ante el Supremo.

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