Estoicos

Costumbrismo Digital por Juan Luis Saldaña

Estabas mirando al horizonte. Todavía lo recuerdas. Era un día de verano. Reflexionabas sobre tu papel en el mundo, sobre tu modo de estar en él. Repasaste tu infancia, tu juventud. Revisaste el sistema de creencias que habías seguido hasta ese momento, recordaste instantes importantes de tu vida que te hicieron ser como eres. Y, de pronto, lo viste claro. Era algo que siempre había estado ahí, pero en lo que nunca te habías fijado: ibas a ser estoico.

Las lecturas de tus años de juventud, mezcladas con alguna conferencia a la que asististe y al testimonio de dos o tres tipos a los que sigues en alguna red social hicieron el resto. Fuiste corriendo a repasar los textos de Marco Aurelio, Séneca, Epicteto y encontraste la respuesta a tus problemas. Cada vez que te encontraras ante un problema grave, una disyuntiva complicada o una situación delicada te ibas a hacer la siguiente pregunta: “¿Qué haría un estoico?”

"Tu convicción empezó a desbordar tu propio recipiente y empezó a salpicarnos a todos"

¿Y en el trabajo? También. Estoicismo o muerte. Gestión de las emociones, autocontrol, resiliencia. Al final, sentimos lo que pensamos. Ya lo decía Epícteto: “el sufrimiento no deriva de los acontecimientos de nuestras vidas sino de nuestros juicios sobre ellos”. Diste charlas sobre esto, escribiste artículos, preparaste dinámicas de grupo para toda la empresa. Tu convicción empezó a desbordar tu propio recipiente y empezó a salpicarnos a todos.

Te apuntaste a crossfit. Cada uno de tus entrenamientos era un peldaño más hacia tu verdad. Una verdad respetable para ti, pero que, quizá sin darte cuenta, ibas imponiéndonos a todos. Los diez mandamientos estoicos y toda esa literatura que nos metiste con calzador nos agotaron. “Lo que es malo para la colmena es malo para la abeja”, decías. Una cita de Zenón de Citio que nunca interpretaste en el sentido correcto.

Mientras tanto, poco a poco, la empresa se iba hundiendo. En realidad, siempre estuvo montada sobre un artificio, un dinero que nos dejaron y que nunca conseguimos devolver. Como eras estoico, ya no te importó. Había que amar el destino. “Las cosas suceden porque así tenía que ser”. Te fuiste a Ibiza. Tocas el pandero al atardecer. Estoico.

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