Ictus en pacientes jóvenes, ¿qué lo causa y cuáles son sus características?

El ictus es un accidente cerebrovascular en el que se produce "una alteración de la circulación cerebral, que ocasiona un déficit transitorio o definitivo del funcionamiento de una o varias áreas del encéfalo", según explica el Ministerio de Sanidad. Normalmente, esto se vincula siempre a personas de elevada edad, pero la realidad es que el ictus en pacientes jóvenes está muy presente.

Según cómo se produzca la lesión, falta de aporte sanguíneo o rotura de un vaso sanguíneo, el ictus puede clasificarse en isquémico o hemorrágico. El primero es el que se da con mayor frecuencia y se produce hasta en un 50% de los pacientes jóvenes menores de 45 años, según indica la Sociedad Española de Neurología (SEN), cuando su prevalencia suele ser de un 20%.

Los ictus en pacientes jóvenes no son normales, aunque los datos de los últimos años han hecho que esto haya cambiado. Los casos han ido en aumento y la situación actual la ha potenciado. De hecho, la Sociedad Española de Neurocirugía (SENEC) informa de que "el coronavirus está detrás del aumento de los accidentes cerebrovasculares graves en pacientes menores de 50 años".

Pero aunque la COVID-19 puede ser una de las causas de ictus en pacientes jóvenes, existen otras. La fibrilación auricular no valvular, el infarto agudo de miocardio o la disfunción ventricular izquierda son algunas de ellas. Pero ¿qué es lo que provoca que un paciente joven sufra este accidente cerebrovascular?

Las razones suelen estar relacionadas con los hábitos insanos. Por ejemplo, el tabaquismo, el abuso del alcohol o las drogas, la obesidad, la diabetes o incluso el estrés. Si, además, algunos de estos factores de riesgo se combinan entre sí el resultado es una combinación de lo más peligrosa.

A pesar de que se cree que sufrir un ictus cuando se tiene menos de 45 años la recuperación puede ser más rápida, esto no siempre es así. De hecho, la SEN afirma que "un 50% quedan con secuelas discapacitantes o fallecen". Por eso, no hay que tomárselo a la ligera.

La forma de detectar un ictus es vigilando si hay pérdida brusca de movilidad y sensibilidad en alguna parte de la cara o extremidades. También, prestar atención a la pérdida repentina de la capacidad de hablar, el dolor súbito de cabeza, la sensación de vértigo o la pérdida de la visión. Cuanto antes se solicite ayuda médica, mejor será el prognóstico, ya que se podrá actuar antes.

Afortunadamente, según indica la SEN, el 90% de los ictus se pueden evitar. Un porcentaje muy elevado. La doctora María Alonso de Leciñana explica que “generar el hábito de control de la tensión arterial, el peso, de la cintura abdominal y llevar a cabo un estilo de vida sano, que pasa por el abandono del tabaco y el consumo moderado de alcohol, reducir peso, hacer ejercicio y reducir la sal en las comidas, serían los principales consejos”.

Por lo tanto, introducir estos hábitos reduciría el número de ictus que se producen en pacientes jóvenes que, cada vez más, están presentando problemas debido al sedentarismo, abuso de alcohol y obesidad. Hoy que celebramos el Día Mundial del Ictus es una oportunidad para concienciar de que esto no solo es un problema de los más mayores, sino también, de los jóvenes.

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