Ir a ver a Olivia Rodrigo anoche noche sí fue una buena idea, ¿verdad?

Cuando hay un concierto en el Wizink, los alrededores se llenan de una magia especial. Risas nerviosas, mucho brillo y colas repletas de fans esperando poder entrar en el recinto son los habitantes del pequeño universo que se crea. Si a esto le sumas el hecho de que esta era la primera vez que Olivia Rodrigo pisaba tierra madrileña, estos sentimientos solo podían aumentar.

Rodrigo se ha hecho un hueco más que destacable en la industria musical. A sus 21 años, sus dos discos son ya historia de la música. La estadounidense tiene todo lo que hace falta para triunfar: una personalidad atrayente, temas autobiográficos con los que sentirse identificado y la frescura propia de artistas que acaban de comenzar. Conocida por su papel como actriz en Disney, la música ha sido siempre su gran pasión y por lo que siempre será recordada.

La intérprete llegó por primera vez a España el pasado 18 de junio, cuando dio su primer concierto en Barcelona, y dos días después fue el turno de la capital. De este modo, acompañada de Remi Wolf como telonera, colgó el cartel de "completo" en apenas horas y, meses después, sus seguidoras estaban listas para brillar con ella.

Porque sí, no solo Olivia acudió deslumbrante al que fuera el antiguo Palacio de los Deportes. Las fans se han convertido en protagonistas en los conciertos con sus medias de rejilla, boas de plumas, sombreros de vaqueros y pulseras para intercambiar. Ser fan es un sentimiento, y ellas, una vez más, han demostrado saber vivirlo al máximo.

La cantante, consciente de ello, lo demostró con sus entradas. Para que todos los fans pudieran acudir, algunos de los tickets costaban apenas 20 euros. Un precio reducido y competitivo pero limitado. La ganadora de cuatro discos platinos con SOUR lo tenía claro, nadie podía quedarse fuera. Visión reducida y sin posibilidad de elegir el asiento eran las únicas pegas. Pero no solo las entradas baratas guardaban un buen destino, pues con su fundación Fundo 4 Good, una parte de los beneficios acudieron a organizaciones comunitarias para la protección de los derechos reproductivos y contra la violencia de género.

A las 18:30 se abrieron las puertas del recinto, aunque no sería hasta una hora después cuando Remi Wolf aparecería en el escenario. Los teloneros suelen sufrir el estar a la sombra del artista principal y en más de una ocasión puede que siquiera sean conocidos por los asistentes del concierto. Sin embargo, en el caso de Wolf, independientemente de ser o no conocida, ella se hizo notar. Su aparición fue corta pero intensa. Con una energía descomunal y pop moderno consiguió ganarse al público y conseguir más de un nuevo seguidor.

A las 20:15, llegó el gran momento. En la pantalla aparecieron velas simulando una palabra: "Guts", el título de la gira. Quedaban quince minutos para que Olivia apareciera. Mientras se fundían las letras, comenzaban a subir todos los miembros de la banda. Puntual como un reloj, llegó. Las luces se fundieron y el sonido estridente de la guitarra se unió al de los chillidos de la pista. Del escenario surgió la artista al ritmo de Bad Idea, Right?. No, ir a verla no fue una mala idea. No había entonado la primera nota y ya se había vuelto todo el mundo completamente loco.

El comienzo fue un estallido que rápidamente calmó gracias a la primera parte del espectáculo. Si por algo se caracterizan las letras de Oliva es por ser autobiografías y hablar sin ningún tipo de problema para sincerarse sobre la cara más dura del amor. No todo siempre es bonito, pero como dice la letra de Vampire, la tercera de las canciones del tour, ella consiguió "hacer que los peores errores parecieran algo bueno".

Con su voz melódica y su actitud rockera chilló a su expareja cómo la traicionó sin necesidad de mentir y lo mucho que le cuesta pasar por la calle de su casa. Una experiencia compartida con el público y prácticamente terapéutica en la que a chillidos y lágrimas de las personas presentes fueron una sola. El cariño y unión que se vivió la noche del jueves fue la prueba fehaciente de que las españolas están dispuestas a darlo todo por Olivia y ella ha prometido volver. "Sois increíbles", repitió en más de una ocasión.

Mientras tanto, sin que nadie se diera cuenta, las estrellas comenzaron a bajar. Al final del escenario, en forma de V, había una luna. Subida sobre ella, la intérprete saludó a todo el público mientras recordaba que ser "lógica" no siempre era tan sencillo. Enough for you cautivó a todos los asistentes antes de bajar de nuevo para continuar con Lacy y So American. Pidiéndole a sus fans a abrazar a sus mejores amigos, recogió regalos que le dejaron sin palabras, no todos los días alguien hace una camiseta con tu cara o una muñeca idéntica a ti. "Tenéis muchísimo talento", exclamó.

Un momento de calma que rompió por completo con su estilo más rockero. Jealousy, Happier y Favorite Crime fueron el trío más potente. Se acercaba el final, aunque nadie quería realmente despedirse. Brutal y Obsessed, u obsesionada como rezaba en su banda, dieron la entrada a una de las joyas de la corona All-american bitch. Convertida en una de las canciones favoritas, los chillidos se convirtieron en gritos de ira, rabia, y desahogo. "Quiero que penséis en algo que os dé mucha rabia y que gritéis con toda vuestra fuerza", le pidió al público, que obedeció sin dudar.

Como broche final, good 4 u y get him back, con su ya icónico megáfono rojo. Y, tras darlo todo, llegó el final decorado de confeti rojo, negro, azul y morado, los colores del tour. Estrellas y mariposas fueron los símbolos de la despedida perfecta. Olivia, que había lanzado besos, seducido a la cámara y cambiado de ropa hasta en cinco ocasiones, desapareció de la misma manera en la que había entrado, entre los focos, pero con luz propia. Tras los aplausos finales, se encendieron las luces, las puertas se abrieron y tocó volver de nuevo a la realidad.

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