La malaria podría convertirse en la segunda enfermedad humana en ser aniquilada: así se conseguiría

La aprobación de la nueva vacuna contra la malaria RTS,S/AS01 por parte de la OMS es una noticia esperanzadora, especialmente en un tiempo en el que el mundo tiene más presente que nunca el dolor que pueden traer las enfermedades.

De hecho, se da una circunstancia especial, y es que la Malaria es una de las enfermedades que el organismo internacional considera posiblemente erradicables. De lograrse este hito, se convertiría en la segunda enfermedad humana en ser eliminada, después de la viruela.

Sin embargo, hay que poner los pies en la tierra. "La vacuna, por sí sola, no será capaz de erradicar la malaria", reconoce a 20Minutos Agustín Benito, director del Centro Nacional de Medicina Tropical dependiente del Instituto de Salud Carlos III. "Deberá ir acompañada de muchas otras acciones".

Para comprender cómo podría erradicarse la malaria, es necesario entender por qué es candidata para ello, teniendo en cuenta que esta posibilidad no existe con todas las enfermedades (por ejemplo, la covid-19 no se considera erradicable con los medios actuales).

La malaria es una infección causada por una familia de patógenos llamada Plasmodium. Se trata de unos protozoos que tienen un ciclo vital complejo, con dos participantes más: un vector, que son las hembras de unas 60 especies de mosquitos del género Anopheles, y un hospedador, que es el ser humano. (La única excepción es la especie P. malariae, que además de a los humanos puede infectar a los perros).

En resumen, estos pequeños parásitos necesitan al ser humano para alimentarse y reproducirse, y usan a los mosquitos para viajar desde un humano infectado a uno sano. Así, como explica Benito, la clave de la lucha contra la malaria está en intervenir en ese ciclo.

"Desde hace ya tiempo la malaria es considerada por la OMS como potencialmente erradicable", señala. "Ahora bien, la complejidad del ciclo vital del parásito hace que la estrategia de lucha y eliminación de la enfermedad esté condicionada por muchos otros factores y al uso de múltiples herramientas de prevención y control".

"Las herramientas con las que contamos", prosigue, "están encaminadas a la lucha antivectorial (contra el mosquito), al bloqueo de la picadura, al diagnóstico rápido y el tratamiento inmediato y a la prevención en grupos de riesgo como embarazadas y niños".

Así, la vacuna simplemente sería una pieza más en ese rompecabezas: "La aprobación reciente de esta vacuna, y su administración a niños en sus primeras etapas de la vida, es una herramienta más de prevención de la enfermedad", desarrolla Benito.

"La eficacia de esta vacuna está entre el 30 y el 40% en el mejor de los casos", admite. "Con esos resultados, por sí sola es claramente improbable que consiga el objetivo de erradicación, pero es una herramienta preventiva importante. Si se administra con una pauta de cuatro dosis a los niños a partir de cinco meses de edad, podría evitar cientos de miles muertes en esa franja de edad".

"Además, tiene el hándicap del elevado número de dosis de la pauta, algo que en los países endémicos de la malaria, con débiles sistemas sanitarios, hace complicada su implementación", apostilla.

"Lo que sí abre la aprobación de la vacuna es la puerta a nuevos desarrollos de vacunas, algunos de ellos aprovechando el momento de tirón de las vacunas anticovid-19. La tecnología de ARNm empleada en las vacunas desarrolladas para esta última enfermedad podría aplicarse a la confección de otras nuevas frente a la malaria y otras enfermedades como el VIH/SIDA o la tuberculosis" reflexiona este experto.

Benito detalla cuáles son las otras acciones que se ponen en marcha dentro de esta estrategia contra la enfermedad: "En la lucha antivectorial se usan insecticidas: larvicidas en lugares acuáticos de cría o adulticidas usados en impregnación de superficies como las paredes de las viviendas o zonas de reposo y picadura".

"Para el bloqueo de la picadura por parte de las hembras de anopheles se emplean barreras físicas, como mosquiteras de cama impregnadas con insecticida, que la impiden durante las horas de actividad, ya que estos mosquitos tienen periodicidad nocturna", continúa.

"Cada vez contamos con mejores test rápidos de diagnóstico, y el tratamiento inmediato consiste en la administración de fármacos antimaláricos en combinación, en los que uno de los componentes es la artemisina", agrega, "Y las medidas preventivas consisten en tratamiento intermitente preventivo y el uso de vacunas, como la recién aprobada RTS,S/AS01 para el uso en niños", afirma.

Poner todo ello en práctica es costoso y complejo, máxime en el contexto actual. "En primer lugar, hay que reconstruir de nuevo los puentes caídos por los estragos de la pandemia de covid-19 en los países de baja renta, en los que tres grandes retos (el VIH/SIDA, la malaria y la tuberculosis) han visto repuntes y mayores morbimortalidades", explica Benito.

"El restablecimiento, estabilización y mantenimiento de estas medidas de control y eliminación serán fundamentales a la hora de eliminar la malaria", sentencia.

De hecho, la llegada de la pandemia ha llevado a la OMS a actualizar sus previsiones respecto a este plan, como comenta Benito: "En mayo de este año, la 74 Asamblea Mundial de la Salud dictó una resolución en la que insta a los Estados miembros a agilizar los progresos alcanzados hasta la fecha mediante planes y enfoques coherentes con la Estrategia Técnica Mundial contra la Malaria 2016-2030, que la OMS ha actualizado".

"Es muy difícil estimar fechas en la erradicación de la malaria", prosigue. "Habría que recuperar las tasas de descenso de casos y muertes de antes de la pandemia de covid-19 y conseguir otros objetivos como la cobertura universal de intervenciones antimaláricas básicas para todos los grupos en riesgo y la obtención de datos de vigilancia de gran calidad para adoptar decisiones".

"Dependerá, pues, de soluciones innovadoras que serán esenciales; y habrá que ver la efectividad (capacidad de proteger contra la enfermedad cuando se aplica en condiciones reales de la práctica clínica diaria o de los programas de salud pública) de la vacuna recién aprobada junto a otras que pudieran ir desarrollándose", concluye. "Los plazos que se plantean (una reducción de la incidencia y la mortalidad de al menos el 90% para 2030) son de momento posibles, pero muy condicionados al desarrollo de la cobertura universal en los países endémicos y, sobre todo, a su desarrollo económico".

El premio si esto se logra, a juzgar por lo que vaticina Benito, merece la pena: "El continente africano, el territorio más afectado por la malaria, se vería recompensado no sólo con una reducción de la mortalidad de los grupos de riesgo (niños y mujeres embarazadas); también, iniciaría un proceso de crecimiento económico importante".

Y eso no es todo. "La mayor esperanza de vida y una disminución drástica del absentismo laboral acompañarían este crecimiento y el desarrollo de los propios países, y permitirían en conjunto dedicar mayores recursos a los servicios de salud de estos países, en la búsqueda de la tan esperada cobertura universal a la que cualquier país querría dirigirse", finaliza Benito.

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