Manuel Liñán: "Nunca me ha hecho falta una bata de cola para mostrar mi lado femenino en el baile"

NANI F. CORES

  • El bailaor y coreógrafo estrena su nuevo espectáculo '¡Viva!' en los Teatros del Canal.
  • Todo un ejercicio de transformación donde él y otros seis bailarines se meten en la piel de la mujer flamenca.
  • Liñán recibió el Premio Nacional de Danza en 2017.

El bailaor y coreógrafo Manuel Liñán

"Cuando tenía cinco o seis años y empecé a bailar, acababa en mi cuarto encerrado, con una falda verde de mi madre, intentándome pintar, con un pantalón de pijama simulando el pelo donde colocaba flores porque me aburría muchísimo bailar vestido de hombre. Entonces lo hacía a escondidas, encerrado, para que nadie me viera y luego salía de ese cuarto y me tenía que poner como un tío. Ahora lo cuento con naturalidad pero la verdad es muy duro no sentirte integrado y tener que recurrir a esconderte para poder manifestarte".

Poco podía suponer en los años ochenta aquel niño llamado Manuel, que gracias a esas inquietudes y su pasión por el baile acabaría revolucionando el mundo de la danza y rompiendo más de un estereotipo vinculado a un género tan hermoso pero rígido como el flamenco. Sin haber cumplido todavía los cuarenta, Manuel Liñán (Granada, 1980) es una de las cabezas visibles del flamenco más vanguardista y el hombre que ha hecho de su arte toda una declaración de intenciones.

Nominado en numerosas ocasiones a los Premios Max (ganó el del 2009 a la Mejor coreografía y en 2013 como Mejor intérprete de danza) y ya con un Premio Nacional en su haber (2017), comenzó a dirigir sus propios proyectos hace algo más de una década y, desde entonces, no ha dejado de dar pasos valientes sobre las tablas. "Hay que romper todavía muchísimos estereotipos. Es verdad que el flamenco tiene esos géneros muy encasillados y creo que habría que abrirse. Esta misma pregunta me la ha hecho mucha gente que tiene la sensación de que el flamenco tiene esa parte tan conservadora. Me da tristeza que se vea así pero es la verdad. Cuando empecé a bailar había maestros que me decían: esta mano la tienes que poner así, las manos no las levantes más de aquí... todo era muy cuadriculado. Hay mucho que hacer en el flamenco", explica a este diario.

Para muchos hoy, Liñán es el bailaor que se atrevió a romper tabúes y subirse al escenario enfundado con bata de cola y mantón. Un atrevimiento que nació realmente por su necesidad de reconciliarse con aquel niño que bailaba a escondidas: "Para mí fue difícil y no fue difícil empezar a bailar con bata de cola y mantón. Era una necesidad y una honestidad como ser humano mostrarme tal y como soy. Sí tuve miedo a ver cómo reaccionaría el público, a que me faltaran al respeto y para nada fue así. No me di cuenta de que estaba contando algo tan íntimo hasta que estrené, entonces pensé que me había abierto muchísimo pero era cómo me sentía". Aquello ocurría en 2014 por invitación de Belén Maya, tres años después cuando recibía el Nacional de Danza se reconocía su capacidad para "ensanchar los horizontes del flamenco".

Desde entonces, el bailaor reivindica su derecho a usar los complementos sin ataduras de género: "Yo entiendo que un sujetador pueda considerarse una prenda femenina porque sujeta dos tetas pero una falda o un jersey de lentejuelas, ¿por qué no los va a poder usar también un hombre?". Su osadía le ha ayudado a abrir camino a otros en su profesión: "había escuelas de flamenco donde no estaba permitido que los bailaores entraran a tomar clases de bata de cola, hoy en día han abierto sus puertas" y agradece la complicidad que el público le ha demostrado desde el principio: "Cuando la honestidad y la parte artística está por encima de lo político y lo social, hay un momento en que te olvidas de lo masculino y de lo femenino".

Incapaz de frenar sus ansias creativas y dispuesto siempre al más difícil todavía, el coreógrafo estrena este fin de semana ¡Viva!, un espectáculo en el que él mismo y otros seis bailarines sacan de paseo su lado más femenino y se meten en la piel de la mujer flamenca que cada uno de ellos lleva dentro (viernes 8, sábado 9 y domingo 10 en los Teatros del Canal de Madrid).

"¡Viva! para mí es una celebración de la libertad de expresión, de las identidades, y nace de la inconformidad de tener que elegir entre un género u otro para manifestarte en el arte y también ante la vida. Lo que pretendo es exponerlo con naturalidad y presentar esa mujer flamenca que cada uno de nosotros tenemos. Celebrar que tenemos dentro una mujer que queremos presentar, que queremos compartir y verla bailar, para que finalmente se entienda que no somos una cosa ni otra, sino solo personas que bailan y que no queremos que se nos encasille en ningún género".

Para Liñán ha sido imprescindible que este proceso de transformismo se hiciese con el mayor de los respetos: "Quería que fuese una transformación natural no exagerada. La mujer que cada uno de nosotros tiene ya la traía desde casa. Ha sido muy difícil conseguir la estética, el diseño de vestuario, pero lo que es la parte artística, realmente habita entre nosotros una mujer flamenca y siempre ha estado expuesta en el escenario. A mí no me ha hecho falta nunca una bata de cola o mantón para sacar esta parte femenina del baile pero ¡Viva! es ese capricho de poder darle a esa mujer todos sus complementos".

Manuel salda deudas, una vez más, con aquel niño que bailaba a escondidas vestido de mujer: "Para mí la infancia ha sido la parte de mi vida que me define como adulto y ha sido el punto de partida en la mayoría de mis espectáculos. El motor donde han nacido muchas cuestiones". Sin géneros ni ataduras, libre como aquel niño, ¡Viva! defiende sencillamente las ansias de bailar en libertad.

Manuel Liñán y el resto del elenco de bailarines que protagoniza '¡Viva!', su nuevo espectáculo. Fotografía: marcosGpunto.

Manuel Liñán y el resto del elenco de bailarines que protagoniza '¡Viva!', su nuevo espectáculo. Fotografía: marcosGpunto.

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