Maurice y Katia Krafft, la pareja de vulcanólogos que fue sepultada por la erupción de un volcán en Japón

Hacia el infierno, un documental de Netflix, es un trepidante largometraje de Werner Herzog que muestra increíbles imágenes de lava y volcanes y su conexión con las creencias de tribus indígenas. Uno de los fragmentos de la película está dedicado a la inseparable pareja de vulcanólogos, Maurice y Katia Krafft, los cuales fallecieron en junio de 1991 arrasados por los piroclastos del inmenso Monte Unzen, en Japón.

Katia Krafft nació en Francia en 1942 y desde pequeña tuvo una pasión irracional por los volcanes. Cuando viajó por primera vez a Sicilia para visitar el Etna, sus ojos quedaron como platos frente a tan colosal fenómeno de la naturaleza.

A los siete años vivió su primera erupción cuando visitó el Estrómboli de Sicilia y con tan solo 14 años ingresó en la Sociedad Geológica de Francia. Fue cuando Katia llegó a la Universidad de Estrasburgo cuando conoció a quien sería su compañero de aventuras, Maurice Krafft.

Desde entonces, ambos escribieron libros, llevaron a cabo conferencias y viajaron por todo el mundo con la intención de divulgar. Algunos de sus libros, como En el corazón de los volcanes del mundo, o su exposición El hombre frente a los volcanes, presentada en Francia en 1989 tuvieron gran repercusión internacional. Los Krafft no se limitaban a estudiar, sino que querían estar allí donde la lava del volcán brotaba.

Los Krafft se interesaron por el mundo audiovisual y todas las oportunidades que ofrecía. Realizaron vídeos avisando sobre el riesgo de las poblaciones y cómo actuar frente a la erupción de un volcán. Entendiendo los peligros volcánicos fue una película en colaboración con la UNESCO que se estrenó en 1990 en el Congreso de Maguncia. La insistencia de la pareja convenció a la presidenta filipina Cory Aquino de que era necesario evacuar a la población cercana al Monte Pinatubo cuando este erupcionó en Filipinas.

Su mayor aportación al mundo de los volcanes fueron sus estudios, con los que demostraron a los gobiernos de los países que era necesario evacuar a los habitantes de poblaciones cercanas a volcanes. Gracias a sus investigaciones, muchas personas sobrevivieron a estos fenómenos naturales.

Algunos de los proyectos más locos de estos aventureros fueron la creación de un parque de atracciones en el Parque Natural de los Volcanes de Auvernia, con el objetivo de inculcar en los jóvenes la misma pasión que ellos tuvieron toda su vida. También crearon la ''Casa del Volcán'' en una isla de Auvernia, Francia. Esta casa era uno de los primeros centros de información local sobre volcanes, cerca del Pitón de la Fournaise.

Harry Glicken, vulcanólogo estadounidense, se reunió con la pareja el 3 de junio de 1991 para capturar la erupción del Monte Unzen, en Japón. Este volcán se encuentra en la isla de Kyushu, al sur del país, y en 1762 ya había provocado el fallecimiento de 15.000 personas. En 1991, la erupción de material piroclástico recorrió 4,5 kilómetros por la ladera del monte.

En una de las exploraciones, ese material alcanzó a la pareja, a Harry y a otras 40 personas, la mayoría periodistas. La nube de gases, rocas y cenizas atrapó a todos ellos y los sepultó para siempre. Maurice Krafft ya días antes había confesado que el Monte Unzen le infundía tremendo respeto. Sin embargo, él siempre aseguraba ''no tengo miedo porque he visto tantas erupciones en mi vida que si me muero mañana, no me importaría''.

Más de 300.000 fotografías, horas y horas de vídeo y una enorme dedicación por su comunidad son el legado que deja esta pareja cuya ilusión permaneció hasta el último día de sus vidas y que los espectadores aún pueden observar en sus pantallas.

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