Un medicamento para la esclerosis múltiple podría aliviar las pérdidas de memoria en el alzhéimer

La enfermedad de Alzheimer es uno de los grandes retos para la medicina moderna, por su alta incidencia y por sus destructivos efectos en la calidad de vida de quienes lo padecen y de las personas de su entorno.

En el marco de las investigaciones que buscan maneras de combatirla o de aliviar sus manifestaciones, un grupo de investigadores ha encontrado que un fármaco que ya se emplea en el tratamiento de la esclerosis múltiple podría aliviar las pérdidas de memoria, uno de los síntomas más característicos y disruptivos de la enfermedad.

Así lo expresan en un artículo publicado en Frontiers of Neuroscience, en el que detallan los resultados de un experimento llevado a cabo en ratones para comprobar el alcance de los posibles efectos del medicamento en cuestión, el acetato de glatiramer.

Concretamente, los autores, adscritos al Instituto Del Monte de Neurociencia de la Universidad de Rochester (Nueva York) tomaron un grupo de ratones hembra transgénicos de 15 meses de edad a los que se les había insertado una serie de mutaciones asociadas con el alzhéimer y que habían desarrollado ya varios signos propios de la enfermedad (como las placas de beta-amiloide) y se les administró el acetato de glatiramer durante ocho semanas antes de evaluar el desempeño de sus memorias.

Paralelamente, se crearon tres grupos de control: uno de ratones también transgénicos que recibió inyecciones de suero salino en lugar del medicamento, uno de ratones no modificados que recibió el medicamento y otro de ratones no modificados que recibió suero salino.

La evaluación de los efectos del medicamento en la memoria de los ratones se realizó mediante la técnica de reconocimiento de objetos novedosos, consistente en permitir a los ratones que curiosearan dos objetos dentro de una caja durante un tiempo determinado, después sacarles de la caja, y volver a introducirlos al cabo de un rato habiendo cambiado uno de los dos objetos.

Dada la curiosidad natural de estos pequeños roedores, si pasan más tiempo inspeccionando el objeto que ha sido cambiado se considera un indicador de una buena memoria, ya que apunta a que recuerdan las características del objeto que permanece.

Mediante este método, comprobaron que los que habían recibido el fármaco mostraban una preferencia mucho más marcada por el objeto cambiado que los ratones que habían recibido suero salino, y que de hecho esta preferencia era comparable a la que mostraban los ratones no modificados (sin alzhéimer).

Aunque el mecanismo detrás de este efecto no está claro, explican los autores, sí se sabe que el acetato de glatiramer reduce la intensidad de la respuesta inmune de las células T, razón por la que se emplea en el tratamiento de la esclerosis múltiple.

Como es lógico, estos resultados de momento sólo apuntan hacia las posibilidades del medicamento en el tratamiento del alzhéimer en humanos, pero no es posible aún extrapolar las conclusiones a su funcionamiento en las personas.

De hecho, el acetato de glatiramer, aunque sabemos que es seguro gracias a que ya se emplea en humanos en otra patología, tendrá que pasar por futuros ensayos clínicos sobre su uso en este contexto específico antes de que pueda ser una opción viable para el tratamiento del alzhéimer. Afortunadamente, el conocimiento ya adquirido sobre sus posibles efectos secundarios en las personas podría acelerar notablemente el proceso.

Sea como sea, los autores sí que destacan que esta experiencia arroja luz sobre un posible mecanismo poco explorado del alzhéimer, como es el papel que juega en su desarrollo el sistema inmunológico y la posibilidad de minimizar los estragos de la enfermedad modulando la respuesta inmune.

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