Medio siglo escuchando cantar al Coro Nacional de España

El 22 de octubre de 1971, hace 50 años, unas pocas decenas de cantantes, muchos de ellos jóvenes, salieron al escenario del Teatro Real de Madrid, que por entonces aún funcionaba como sala de conciertos. Todo estaba minuciosamente ensayado: los colores de los trajes, pálidos pero todos distintos. Los zapatos. El peinado de cada cual. En qué mano había que llevar la carpeta con las partituras. Los gestos, las sonrisas, las inclinaciones, los andares.

Ante ellos estaba, ya afinada, la Orquesta Nacional de España. Salió a escena el director, Rafael Frühbeck de Burgos, y por fin sonó la majestuosa Segunda Sinfonía en Do menor de Gustav Mahler, la llamada Resurrección. Aquel fue el primer concierto del Coro Nacional de España. El Teatro Real casi se venía abajo con los aplausos.

El 7 de octubre de 2021, medio siglo después -la fecha coincide con la del primer ensayo del CNE-, varias decenas de cantantes, muchos de ellos jóvenes pero vestidos de otra manera, salieron al escenario del Auditorio Nacional, en Madrid. Ante ellos estaba, ya afinada, la Orquesta Nacional de España. A una señal del director, David Afkham, comenzó a sonar la majestuosa Segunda Sinfonía en Do menor, de Gustav Mahler, llamada Resurrección.

La música era la misma aunque, por culpa de la pandemia, en una versión con menos intérpretes, obra de José Luis Turina. El director era otro. Los cantantes, también. Pero el coro era el mismo: el Coro Nacional de España, cincuenta años después. Y los aplausos del público también fueron los mismos: interminables.

Se cuentan con los dedos de muy pocas manos las formaciones corales españolas que hayan permanecido en activo tanto tiempo. Y son menos aún los coros profesionales tan longevos, porque la mayoría de los grandes coros españoles son amateur. Pero el Coro Nacional de España no solo sigue ahí, sino que goza de una excelente salud.

La necesidad de que el Estado español contase con una formación coral profesional de primerísimo nivel, amparada por las instituciones e inmune a los sucesivos cambios de Gobierno, es antiquísima. Se empezó a hablar de ellos a mediados del siglo XIX, en tiempos de Barbieri. Hubo intentos, que no prosperaron, con los legendarios orfeones donostiarra y catalán. Durante la Segunda República se creó el Coro del Pueblo, que dirigió nada menos que Eduardo Martínez Torner. Durante la dictadura nacieron los Cantores Clásicos de Radio Nacional de España; el primitivo coro de RNE, que acabaría siendo el Coro de RTVE, y algunos intentos más. Pero ninguno logró el objetivo.

Tuvo que ser una auténtica fuerza de la naturaleza; una mujer indoblegable e indispensable en la historia de la música española del siglo XX, la soprano y pedagoga Lola Rodríguez de Aragón (1910 – 1984), quien, en mayo de 1971, reunió en una sala de ensayos de la madrileña calle de San Bernardo -el viejo conservatorio- a los que todavía eran 'sus' chicos y chicas de la Escuela Superior de Canto, y empezaron a calentar las voces. Ahí terminó el larguísimo prólogo, más que centenario, y comenzó a funcionar el CNE. Desde entonces no ha dejado de trabajar, con sus momentos de gloria y sus momentos más duros.

Pero los momentos de gloria ha sido incontables. La primera grabación mundial de Atlántida, de Falla, en 1976. El tremendo concierto de Lisboa, en 1973, cuando el coro interpretó la Cantata de los Derechos Humanos, de Cristóbal Halffter, delante de los jerarcas de la decadente dictadura portuguesa, y la tensión era terrible. La interpretación de La vida breve, también de Falla, ante la Asamblea General de la ONU, en 1983, bajo la dirección de Jesús López Cobos.

También la inauguración del Auditorio Nacional, en 1988. Los funerales de Don Juan de Borbón, en 1993, y las bodas de la infanta Elena (Sevilla, 1995) y del entonces príncipe Felipe (Madrid, 2004). La grabación de la ópera Don Quijote, también de Cristóbal Halffter. La creación, en 2014, de un sello discográfico propio para el CNE y su orquesta hermana, la ONE. La ansiada estabilidad laboral para los cantantes, que llegó gracias a la ministra de Cultura Soledad Becerril, a principios de los 80. La lista sería interminable.

El Coro Nacional está hoy integrado en el INAEM. Lo forman 76 escogidos cantantes. Su presidencia de honor la ejerce la reina de España, como también la de la ONE. Su propósito esencial sigue siendo, como siempre, la difusión de la música española de todos los tiempos. Por su podio han pasado muchos de los mejores directores del mundo, como Celibidache, López Cobos, Muti, Ceccato, Inbal o Menuhin. Después de 14 directores titulares en medio siglo -la primera fue, desde luego- Lola Rodríguez de Aragón-, hoy lo pilota Miguel Ángel García Cañamero.

No es uno de los mejores coros españoles, sino europeos. Su prestigio, dentro y fuera de nuestro país, es enorme. Y merecido. Sus grabaciones son tan numerosas como espléndidas. Lo mismo que su futuro. El CNE es, hoy, uno de los orgullos musicales de España. No cabe más que felicitarles el cumpleaños. Lo tienen más que ganado.

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