'Objetotecas', las bibliotecas de objetos donde pedir prestado ese taladro que compras para usar una vez en la vida

Un vaporizador, una silla de ruedas, un taladro, unos esquís... Todos estos son objetos que la mayoría de las personas utilizan puntualmente. ¿Tiene sentido comprarlos? Y, además, ¿caben en casa? Una opción ya muy extendida es adquirirlos de segunda mano. Pero un paso más allá en el ámbito de la economía circular es tomarlo prestado, como si de un libro se tratase. Este es el concepto de las 'objetotecas', lugares en los que se realiza un uso compartido de determinados objetos de limpieza, bricolaje, crianza o material de deporte que, de otra forma, estarían acumulando polvo en un trastero (con suerte), un altillo (a presión) o, en última instancia, convertidos en residuos (cuya eliminación contamina).

El Con esta idea surgió, en enero de 2020, La Biblioteca de les Coses, un proyecto de los vecinos del barrio barcelonés de Sant Martí que ya se ha extendido por toda la Ciudad Condal y que se ha convertido en el referente de ayuntamientos de otros puntos de España. Su responsable, Eli Miralles, explica a 20minutos que la idea -avalada por especialistas en economía circular como el responsable del Área de Sostenibilidad del PSOE, Antonio Geraldo- se ha exportado a otras zonas de Barcelona como Ciutat Vella o Ciutat Meridiana y a otras localidades de la comarca del Alt Penedès. También, hace un año, les pidieron asesoramiento desde el consistorio cacereño de Arroyo de la Luz.

Desde su puesta en marcha hace más de dos años se han sumado al proyecto casi 300 personas. Han ideado varias formas de participar: a nivel 'usuario' -alquilando los objetos que se necesitan por un "precio simbólico" de entre uno y cinco euros por semana, aproximadamente-, como 'amiga' -previo pago de una cuota de diez euros que da derecho a alquilar por valor de hasta 12 euros- o como 'superamiga' -en cuyo caso se abonan 20 euros y se obtiene un crédito de 24-.

Para estos socios, los talleres que organizan, en los que se comparten habilidades y conocimientos sobre, por ejemplo, usar una máquina de coser o un taladro, o reparar los objetos para alagar su vida, son gratuitos. Para los usuarios tienen un coste de tres euros y los 'amigos' disfrutan de un descuento.

Estas tarifas son "simbólicas". Miralles admite que el proyecto "no es sostenible aún" y apenas cubre el sueldo de una empleada a 15 horas semanales y el mantenimiento de los objetos del catálogo de préstamo. Si bien contaron con una financiación inicial por parte del Ayuntamiento de Barcelona y la Agencia de Residuos, con la que pudieron comprar algunos utensilios demandados pero no donados por los vecinos al constituir el almacén, actualmente están trabajando para conseguir un "convenio a largo plazo" que les permita persistir con, por ejemplo, una partida fija en los presupuestos municipales. Miralles concibe la iniciativa como "un servicio público" y defiende que "si los gobiernos se creen lo de la transición ecológica, deben apostar por proyectos de este tipo".

Las cosas que más se prestan son la limpiadora de vapor, aspiradoras, la máquina de coser, muletas, andadores, taladros, carretillas, sierras o el altavoz portátil del que disponen en un inventario formado por más de 400 artículos. Se suelen dejar durante una semana, pero el plazo es flexible e intenta satisfacer las necesidades de las usuarias (el 72% son mujeres de entre 40 y 60 años de edad).

La Biblioteca de les Coses es prácticamente el único referente de 'objetotecas' en España, un modelo que en los países anglosajones -donde se conocen como Library of Things- sí lleva más tiempo instaurado y "funciona muy bien". "En España no conocemos ningún otro [proyecto similar] y pensamos que en un contexto de necesidad de transición ecológica podría dar respuesta a un uso eficiente de los recursos".

"Si los gobiernos se creen lo de la transición ecológica, deben apostar por proyectos así"

Miralles adelanta a este periódico los indicadores que han calculado para sostener la petición de financiación ante las autoridades: desde enero de 2020 se han realizado 384 préstamos de productos que han ahorrado al medio ambiente la emisión de casi cuatro mil kilos de CO2 y unos 1.500 kilos de residuos.

La pandemia también vio nacer el Traster Comunitari, un proyecto del Casal de Barri Espai Antoni Miró Peris (EAMP) de Barcelona. Como explica su dinamizadora, Laia Serra, desde enero de 2020 existe este "espacio familiar" surgido en un principio como lugar para que los chavales del barrio pudieran jugar y que poco a poco ha ido derivando también en un sistema de préstamo de herramientas y juegos de mesa de uso comunitario.

Inspirándose en la Biblioteca de las Cosas, pero a una escala menor -"no tenemos sistema de gestión ni cobramos por los préstamos"-, los dos años que lleva funcionando es "gracias a que la gente lo ve útil y hace que funcione bien". De hecho, durante este tiempo solo un juego se ha extraviado y fue en la mudanza de una familia. "Por sí mismo no es viable", pero gracias a que "no hay abusos" y a que lo alberga un espacio en el que también se realizan muchas otras actividades como charlas, talleres, acciones solidarias o exposiciones, Serra hace un "balance positivo" de los primeros dos años de vida de la iniciativa.

Otro proyecto similar pero surgido en Ourense fue la Cousateca. Puesto en marcha por el colectivo universitario llamado 'Sem Um Cam' (Sin un duro, en castellano), duró entre dos y cuatro años hace ya más de una década, según recuerdan miembros de Amigos da Terra. Esta organización ha creado Alargascencia, una iniciativa para luchar contra la obsolescencia programada que ofrece un directorio de pequeños comercios locales de toda España con servicios de reparación, alquiler o trueque de objetos. También en Galicia, a través del Plan Revitaliza de la Diputación de Pontevedra, varios ayuntamientos prestan una minitrituradora a los vecinos para que puedan aprovechar los restos de poda para realizar compost.

Las comunidades de vecinos, origen y ¿retorno?

Todas estas iniciativas se enmarcan en la economía circular y buscan reducir el consumo innecesario. Antonio Giraldo, urbanista y responsable del Área de Sostenibilidad del PSOE, ha participado recientemente en un taller organizado por una plataforma de venta e intercambio de objetos de segunda mano en el que un "concepto muy chulo" de los tratados fue el de las 'objetotecas'. "El problema es el desconocimiento de su existencia porque, en realidad, todo el mundo es potencial usuario de estos servicios", recalca a 20minutos.

En su opinión, esta práctica se podría implementar en cualquier comunidad de vecinos que quisiera hacer un uso compartido de herramientas. El especialista pone un ejemplo: "Tener un taladro común te capacita parar poder comprar entre todos un modelo de alta gama" en lugar de uno más barato afrontando una única persona los gatos. Esto, además, "mejora la experiencia de usuario para todos", pues a mejor producto, mejor resultado (en teoría).

Ante el argumento en contra de los posibles daños o roturas que podrían sufrir los objetos comunitarios, Giraldo responde que "la prueba son las bibliotecas, que llevan años funcionando prestando libros".

Sobre el origen de este concepto, el especialista incide en las comunidades de propietarios y la figura del conserje, una figura que "además de encargarse de los servicios generales del edificio, hace cincuenta años también te ayudaba en otros trabajos o arreglos en tu domicilio. Ahora hemos ido individualizando estos servicios y contratas a alguien para que por 20 euros venga a tu casa a colgarte un cuadro. También ha cambiado el corte sociológico de las viviendas, ahora hay mucha más gente que vive sola que tiene por qué saber o querer hacer estas cosas, y las familias son más pequeñas. Vamos cambiando hábitos".

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