El olvido, la otra condena que sufren las víctimas del atentado de Las Ramblas: "Es duro, nuestro dolor no se ve"

Ana Cortés, de 45 años, vive en Sant Celoni, un municipio catalán situado a apenas una hora en coche de Barcelona. El 17 de agosto de 2017 quedó con una amiga que no veía desde hacía años. Se citaron en Las Ramblas, sin poder imaginar que ambas iban a vivir de primera mano el golpe que el yihadismo asestó a la Ciudad Condal, primero, y a Cambrils, después. En total hubo 16 fallecidos y 140 heridos, a las que se suman otros centenares de personas a las que ahora la Audiencia Nacional considera como "grandes olvidadas" en la sentencia con la que condenó a 53, 46 y 8 años de prisión -aunque el cumplimiento efectivo de las penas no excederá los 20 años- a los tres principales acusados: Mohamed Houli Chemlal, Driss Oukabir y Said Ben Iazza.

Cortés es uno de los nombres que esconde ese olvido. Su amiga llegó tarde a la cita, pero ella fue puntual. Salió del metro y cuando esperaba, alrededor de las cinco de la tarde, vio el recorrido mortal del vehículo, conducido por un terrorista que fue abatido a los días [los autores materiales también lo fueron]. "Oí y gritos y me giré; cuando me di cuenta, tenía la furgoneta a un palmo y a una mujer ya fallecida en mis pies", cuenta en una conversación con 20Minutos. Luego, los Mossos d'Esquadra la obligaron a meterse de nuevo en la estación de Metro, donde escuchó por megafonía dos avisos de bomba que resultaron ser falsos. Cuando la pesadilla terminó, empezó otro camino "más" difícil: el de la lucha para que la reconocieran como víctima.

Según relata, presentó una solicitud para que la consideraran así hasta en dos ocasiones. En ambas se la desestimaron. Además, no tuvo asistencia psicológica continuada (en los primeros 15 días posteriores al atentado vio a una psicóloga de la Cruz Roja) hasta noviembre de ese año, tres meses después del suceso. Como consecuencia, ha desarrollado estrés postraumático con ansiedad y ataques de pánico y hace un año sufrió un brote psicótico.

Esos daños psicológicos, que derivaron en una baja laboral de 450 días y en la imposibilidad de volver a Las Ramblas de Barcelona más allá de tres veces en cuatro años, están contemplados, "ahora sí", en la sentencia de la Audiencia. Es la víctima número 36, gracias, como quiere remarcar, a la asociación Unidad de Atención y Valoración a Afectados por Terrorismo (UAVAT), que la encontró y le dio el apoyo necesario para persistir en la lucha. Ahora lo celebra con fuerza. "Por fin", explica, un tribunal les reconoce como se merecen. "Ha sido duro, nos han olvidado porque como no tenemos ni sangre, ni huesos rotos, parece que no nos duele; nuestro dolor no se ve", dice.

Ese sentimiento de derrota queda paliado, al menos en parte, con la sentencia de la Audiencia. "Las víctimas han sido las grandes olvidadas", reflejaron en la misma los magistrados, que reconocieron su "derecho a conocer la verdad". La crítica, no obstante, no quedó ahí, sino que la Audiencia recordó que se hizo una pieza separada de fallecidos y otra de lesionados cuya tramitación "ha carecido de sistemática", provocando que no se pueda conocer el "verdadero" número de personas lesionadas, así como el alcance "de los prejuicios sufridos". "Los treinta tomos de la pieza de lesionados se han tramitado de forma meramente acumulativa de denuncias o partes médicos, mezclándose los de las distintas víctimas", añade el tribunal en las cinco páginas que dedica a señalar, punto por punto, errores del juez instructor, Fernando Andreu.

"Nosotros lo advertimos en un primer momento", asegura Eulogio Paz Fernández, presidente de la Asociación 11-M Afectados del Terrorismo, personada en la causa. Además, afirma que no solo el olvido es criticable, sino que se ha de remarcar también que se consideró como tales a personas con secuelas similares a otras que, sin embargo, no obtuvieron ese reconocimiento, que lleva aparejado una indemnización económica y otras compensaciones laborales o de salud. Preguntado sobre si en el 11-M, el otro gran atentado del yihadismo en territorio español que se llevó por delante la vida de su hijo, se cometió el mismo error, lo rechaza. Entonces, cuenta, la administración fue más benévola. "Ahora, para reconocer a una víctima del terrorismo se tienen en cuenta criterios que entonces no", añade.

El 'mea culpa' judicial entonado por el tribunal no fue admitido por todas las partes. La Fiscalía, por ejemplo, se distanció de las críticas. En una rueda de prensa que tuvo lugar el pasado 28 de mayo -un día después de que se publicara la sentencia-, el teniente fiscal de la Audiencia Nacional Jesús Alonso y los fiscales del caso Ana Noé y Miguel Ángel Carballo aseguraron que no existió "ese olvido" porque las víctimas, sostuvieron, "estuvieron presentes desde el primer momento".

Para Alonso, la sentencia -"un hito de la lucha contra el terrorismo yihadista"- y la Fiscalía cumplieron, reparando el daño "en la medida de lo posible". Además, destacó cómo el juez instructor, a su juicio, se volcó con las víctimas y recordó que los magistrados "sufren y viven en solitario".

En esa rueda de prensa, los fiscales aseguraron que no recurrirían la sentencia, pese a que el juez impuso a los condenados [que no eran los autores materiales] penas más altas de las solicitadas por el Ministerio Público. Quien sí lo ha hecho, no obstante, es la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) y la del 11-M, según avanza Paz, lo está estudiando. Eso sí, el recurso supone que, aunque digan que la sentencia es "correcta", suponga su nulidad y la repetición del juicio, si el recurso prospera. En una conversación con este diario, el abogado de la AVT, Antonio Guerrero, explica que el motivo es que la sentencia "no se pronuncia" sobre el atentado en Las Ramblas y sobre la muerte de otra mujer en Cambrils.

"Que no fueran autores materiales no les excluye de participar en el atentado, porque además idearon un atentado, aunque luego hiciesen otro", explica. Se refiere Guerrero a que el tribunal rechazó considerar a los condenados coautores de 14 delitos de homicidio en tentativa de carácter terrorista, así como de 34 de lesiones terroristas y de cinco de lesiones por imprudencia.

Y es que, la sentencia consideró probado que tenían planeado atentar el 20 de agosto en el Camp Nou, aunque varias explosiones precipitadas en Alcanar, donde guardaban las bombas, provocaron que el terrorista Younes Abouyaqoub decidiese acometer el atropello mortal en Las Ramblas. Después, el resto de miembros de la cédula decidió ir a Cambrils a la 1 de la madrugada del 18 de agosto, donde embistieron un coche de los Mossos, atropellaron a varias personas -entre ellas una mujer que murió- y fueron abatidos mientras hacían proclamas yihadistas.

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