El proceso electoral más grande de la historia

98 millones de mexicanos votarán el próximo domingo en el proceso electoral más grande de su historia para elegir a 20.708 cargos públicos en todo el país. El censo electoral certifica que hay casi tres millones más de votantes femeninas que masculinas y 105 personas no binarias.

El ganador será una mujer que liderará durante los próximos seis años la segunda economía más potente de América Latina. Si las encuestas no fallan Claudia Sheinbaum, de la coalición oficialista Sigamos Haciendo Historia del partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), ganará con bastante margen a la candidata opositora Xóchitl Galvez y la coalición Fuerza y Corazón por México, que aglutina a varios partidos de diferentes ideologías, incluidos algunos que gobernaron el país en el pasado y que se enfrentaron en las urnas.

La encuesta de Las Heras Demotecnia, realizada del 16 al 19 de mayo entre 1.400 personas a nivel nacional, reafirma el triunfo de Sheinbaum con un 64% de los votos mientras que Gálvez obtendría un 28%. El tercer candidato en liza, Jorge Álvarez Máynez, del partido Movimiento Ciudadano, apenas conseguiría un 8%.

Un país tradicionalmente machista y con niveles de violencia de género muy elevados está viviendo unas elecciones trascendentales con dos mujeres copando los titulares de los medios de comunicación tanto locales como internacionales.

El hecho de que una mujer gobierne un país de 130 millones de habitantes, con casi un 25% de menores de 18 años, no significa que vayan a cambiar las políticas relacionadas con el maltrato laboral de las mujeres y los feminicidios de la noche a la mañana. Pero es un gran paso que México dará antes que muchos países europeos, incluido España.

Una ley de paridad, tras la reforma constitucional aprobada en 2019 durante el actual gobierno, obliga a que exista una mitad de cargos para mujeres en los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, además de en las candidaturas de los partidos políticos para la gobernación federal, estatal y municipal, con un impacto muy positivo en las áreas de población indígena.

Ya hay nueve estados mexicanos de los 32 existentes encabezados por una gobernadora. En los comicios del domingo es muy posible que este número aumente porque se renueva los puestos de gobierno de otros ocho estados, además de la jefatura del gobierno de la capital.

Casi nueve millones de nuevos electores se han sumado al censo desde las elecciones presidenciales de 2018. También podrán votar por primera vez las personas encarceladas en prisión preventiva que no haya sido sentenciadas.

Entre los 20.708 cargos a elegir estará la presidencia de la República, 128 senadores, 500 diputados, ocho gobernadores, los titulares de las 16 alcaldías en que está dividida la capital, Ciudad de México, y miles de cargos de ayuntamientos.

México alcanzó su independencia en 1821 y adoptó el estado federal como modelo de gobierno que fue refrendado por la Constitución de 1824, que cumple 200 años el 4 de octubre.

Prácticamente, el sistema político mexicano se ha mantenido vigente hasta hoy con múltiples reformas constitucionales. Es una república representativa, democrática, laica y federal compuesta por Estados libres (32 en la actualidad) y soberanos en todo lo que concierne a sus régimen interior, y por la Ciudad de México.

Karla Verónica Féliz Neira, experta de la Conferencia Americana de Organismos Electorales Subnacionales por la Transparencia Electoral (Caoeste), afirma en una publicación que "el federalismo ha permeado todos los aspectos de la historia de México, aunque en su implementación inicial sirvió como un mecanismo descentralizador y no de articulación como lo fue en Estados Unidos, y es la base del constitucionalismo democrático mexicano".

Recuerda esta consejera electoral que "el estado federal se caracteriza por el hecho de que los estados miembros tienen un cierto grado de autonomía que implica darse por sí mismos normas jurídicas, que también goza el municipio, la base de la división política mexicana, con autonomía y competencia propias amparadas por la Constitución".

El calendario electoral mexicano es laborioso y largo. La llamada precampaña empezó el 20 de noviembre de 2023 y duró hasta el 18 de enero de 2024. En ella los partidos políticos pudieron seleccionar a sus candidatos, recibir dinero público o privado (siempre en cantidades menores), tener accesos a spots en radio y televisión, rendir informes sobre ingresos y gastos.

La segunda fase, llamada Intercampaña, duró desde el 19 de enero hasta el 29 de febrero. En esos 41 días los partidos debieron resolver las diferencias internas en la selección de los candidatos y verificar que cumplían con todos los requisitos electorales. No fue un periodo para la competencia electoral y hubo normas severas para garantizar la equidad en la contienda electoral.

Se pudo difundir propaganda política de cada partido, pero estuvo prohibida la de los aspirantes con miras a obtener el triunfo en las elecciones. Tampoco fue un periodo de silencio absoluto como sí serán los tres días previos a la jornada electoral en los que se prohíbe cualquier tipo de propaganda y de actos proselitistas.

La campaña en sí empezó el 1 de marzo y acabará este miércoles 29 de mayo. Casi tres meses de guerra sucia que ha enturbiado la relación entre las tres principales candidaturas a la presidencia.

El Instituto Nacional Electoral ha tenido que hacer un llamado a los candidatos para que "se apeguen a las reglas y criterios que están señalados para la contienda y eviten caer en provocaciones y denostaciones". Y ha recordado que los partidos "deben exponer sus propuestas e ideas a la población para que cuenten con los elementos suficientes para emitir un voto informado y razonado".

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