Qué progresos hay hasta ahora en los tratamientos contra el coronavirus

Desde que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró como pandemia la enfermedad de la Covid-19, hace ya más de tres meses, han sido muchos los estudios y avances realizados en todo el mundo para encontrar posibles tratamientos, incluida la vacuna, para hacer frente al coronavirus.

Muchas de estas investigaciones han estado focalizadas en descubrir si algún medicamento ya existente podría valer contra este nuevo virus, ya que la Covid-19 no tiene un tratamiento específico.

Según la OMS, hay pruebas que apuntan a que los ensayos debe centrarse en cuatro tipos: antiviral, antiinflamatorio, antitrombótico y con plasma convaleciente (extraído de la sangre de personas recuperadas de la enfermedad y que han desarrollado anticuerpos). En este marco destacan ensayos como el de la propia OMS, bautizado como Solidarity, y que busca y evalúa los tratamientos más prometedores, o el Recovery, del Reino Unido, que ha demostrado que la dexametasona puede ayudar a salvar la vida de los pacientes más graves, recuerda en un artículo la BBC.

Asimismo, en estos momentos hay un total de 17 vacunas candidatas contra la Covid-19 se encuentran en ensayos clínicos, pero todavía es incierto el tiempo que tardará hasta que alguna de ellas esté lista para ser utilizada a gran escala.

La dexametasona ha sido el primer medicamento que se ha demostrado que reduce la mortalidad hasta en un tercio en pacientes hospitalizados con complicaciones respiratorias graves de Covid-19 que necesitan ventilación mecánica. En España, el Ministerio de Sanidad ha incluido este fármaco en el listado de medicamentos esenciales para tratar la Covid-19. Este medicamento antiinflamatorio es uno sobre los que la comunidad científica tiene puestas sus esperanzas, ya que puede utilizarse en fases iniciales de la enfermedad.

El medicamento antiviral Remdesivir ha sido el último autorizado por la Comisión Europea para su comercialización en Europa. Este fármaco, utilizado contra el ébola, se ha convertido en protagonista en la última semana después de que EE UU —el país más afectado por la pandemia— anunciara la compra de casi todas las existencias de este medicamento de la farmacéutica estadounidense Gilead Sciences.

El Remdesivir es una terapia experimental que empezó a desarrollarse en 2009 y se puso a prueba con pacientes del ébola a mediados de la década pasada, y se ha autorizado de emergencia para el coronavirus SARS-CoV-2 porque un ensayo clínico estadounidense mostró que ese fármaco acorta el tiempo de recuperación en algunos pacientes (once días de hospitalización en pacientes que recibieron ese fármaco, frente a 15 en el resto de casos), pero su uso está indicado solo en casos críticos y no hay pruebas de que reduzca la mortalidad.

"El mejor escenario para utilizar este fármaco es en aquellos pacientes que necesitan oxígeno pero no están tan graves como para ingresar en una UCI", precisaba a finales de junio Vicente Estrada, investigador principal del proyecto internacional Solidarity en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid, el centro que coordina a nivel nacional este estudio.

En los últimos días, al Remdesivir le ha salido otro competidor: Aplidin, otro medicamento cuyos resultados en Corea del Sur han demostrado ser hasta 2.800 veces más efectivos que el Remdesivir contra el coronavirus. La farmacéutica española PharmaMar conserva los derechos exclusivos de producción de este fármaco, que presenta una actividad 80 veces mayor que Remdesivir en el modelo de célula 'Calu-3', que es la célula de pulmón humano.

Con estos datos de actividad antiviral, la compañía espera reducir la progresión de la enfermedad a un Síndrome de Distrés Respiratorio Agudo (SDRA) en los pacientes hospitalizados con neumonía por Covid-19, junto con una rápida mejoría de los síntomas.

Respecto a la combinación de medicamentos Lopinavir/Ritonavir, habitualmente empleada contra el VIH, los resultados preliminares de un ensayo clínico coordinado por la Universidad de Oxford han indicado que no ha mostrado efectos significativos en la reducción de la mortalidad de pacientes con Covid-19.

Otros fármacos que han sido investigados tanto en el ensayo Solidarity de la OMS como en el Recovery del Reino Unido son la cloroquina y la hidroxicloroquina, utilizados contra la malaria. No obstante, ambos han detenido sus ensayos con hidroxicloroquina al no demostrarse efectividad alguna en pacientes que recibían este tratamiento.

Al margen de estos medicamentos existe otro fármaco, la Metformina, utilizado para controlar la diabetes, que ha sido empleado con éxito en China como tratamiento antiinflamatorio en pacientes con coronavirus y que ayuda a reducir la mortalidad. No obstante, los investigadores chinos han advertido de que no se debe combinar con hidroxicloroquina o la cloroquina, ya que podría resultar un cóctel mortal.

Asimismo, un estudio del Instituto y la Universidad Karlolinska (Suecia) ha concluido que la inmunidad frente a la Covid-19 es "probablemente más alta" de lo que se cree, pues muchas personas que han pasado asintomáticas o de forma leve la enfermedad la tienen, aunque no hayan dado positivo en las pruebas de anticuerpos.

Los científicos han mapeado la respuesta de las células T (linfocitos que son los encargados de reconocer la célula infectada y destruirla) durante y después de una infección por SARS-Cov-2 y los resultados indican que "aproximadamente el doble de personas ha desarrollado inmunidad de células T, en comparación con aquellos en los que podemos detectar anticuerpos", explica uno de los autores, Marcus Buggert. No obstante, los análisis de células T son más complicados de realizar que las pruebas de anticuerpos y solo se realizan en laboratorios especializados.

Por ahora, este estudio aún no ha sido sometido a una revisión de sus resultados por parte de otros investigadores, previa a su publicación en una revista científica.

Esta no ha sido la única investigación publicada sobre las células T. Investigadores del Instituto la La Jolla de Inmunología (EE UU) han descubierto que los pacientes más enfermos de Covid-19 producen células T que ayudan a combatir el nuevo coronavirus. Este trabajo ofrece más evidencia de que una vacuna Covid-19 necesitará provocar que las células T trabajen junto con los anticuerpos. "Esta es una buena noticia para aquellos que fabrican una vacuna con espiga, y también sugiere nuevas vías para aumentar potencialmente la potencia de la vacuna", han argumentado los investigadores.

"Sería poco inteligente predecir cuándo una vacuna estará lista", aseguraba este viernes el director de Emergencias Sanitarias de la OMS, Mike Ryan, quien, sin embargo, ha estimado que para finales de este año se podrían tener resultados sobre la eficacia de las 17 vacunas candidatas.

Mientras no llega la esperada vacuna, la atención está centrada en los tratamientos: "Estamos viendo con nuevos antivirales o con combinaciones (en tratamientos) de antivirales con antiinflamatorios para aumentar la respuesta inmunitaria, y que sean incluidos en los ensayos", ha comentado, por su parte, la científica jefe de la OMS, Soumya Swaminathan.

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