Rafael bautizó y dio funeral al hermano de Julen: "Estoy helado. No puedo creer que esto les pase otra vez"

LARA MONTOTO (DESDE EL PALO)

Rafael Vivancos

La barriada malagueña de El Palo huele a sal. Se encuentra a unos 15 minutos en coche de Málaga centro y es donde viven José y Vicky junto con su pequeño de dos años, Julen.

Aquí el nivel de vida se puede distinguir por la altitud del terreno. En la zona más elevada y alejada de la playa vive la clase pudiente. Más abajo, alrededor de la avenida Almería -la arteria principal que recorre el barrio de este a oeste- el ambiente es de clase media-baja. Ya llegando a línea de playa, las casitas de pescadores encarnan el estrato más pobre y marginal de la zona.

La misa del domingo en las dos parroquias de El Palo, la de Nuestra Señora de las Angustias y la de San Juan de la Cruz, ha ido especialmente dirigida "a nuestro niño Julen". Rafael Vivancos, el párroco de la segunda, ha notado cómo los cánticos del Hosanna suenan más débiles a medida que transcurren los días.

Rafael fue el encargado de bautizar a Óliver, el hermano mayor del pequeño Julen, pero también de celebrar su funeral. Ahora, cuando ve las imágenes de José y Vicky en el Dolmen del Cerro de la Corona, no puede evitar revivir la muerte del hijo mayor. "El mayor era más travieso. No paraba quieto, siempre iba corriendo de un lado para otro. Yo a veces incluso le regañaba. Julen es más tranquilo, se le ve un niño muy bueno".

El domingo 13, el párroco estaba en la carretera volviendo de Olías, un pueblecito pegado a Totalán donde también acude a dar misa. Cuando escuchó que se había caído un niño por un pozo se alarmó, pero cuando se enteró de que era un vecino de El Palo se puso rápidamente a indagar. "Me quedé helado. No me podía creer que después de lo que esa familia ya había pasado, ahora sucediese esto".

"Aborrezco la Semana Santa, los toros y el flamenco"

Aunque no nació en la barriada, sino en Málaga, él se siente cien por cien paleño. Es un hombre alto, cercano, con sentido del humor y con los pies en la tierra. Está acostumbrado a escuchar las noticias por la radio y no soporta la imagen que ofrecen algunas cadenas de televisión de los andaluces. "Parece que por ser andaluz te tiene que gustar la Semana Santa, los toros y el flamenco, y yo aborrezco las tres cosas. Jesús nunca fue en volandas de paseo para que la gente le alabase".

También es un fan acérrimo del Unicaja Baloncesto y, cuando algún creyente le reprocha que siendo paleño no crea en la Virgen del Carmen, él responde así: "¿Acaso tú crees en el Unicaja?". Cuando va a ver algún partido de su equipo tiene que coger el autobús porque si le sacas de El Palo y del Rincón de la Victoria, él no se maneja. Es un 'párroco pilongo', es decir, un párroco que tiene la suerte de ejercer en su tierra, algo que no es muy frecuente. "No sé por qué lo llaman así, como las castañas pilongas, pero bueno".

Antes de ejercer en San Juan de la Cruz, ha estado ejerciendo en Tanzania, Uganda y Valladolid durante mucho tiempo. También se licenció en Económicas, pero lo suyo es ayudar a la gente. Lo que más le gusta de su parroquia es la calidad humana que la puebla.

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