¿Reciclaríamos más si nos pagaran 25 céntimos por cada envase?

Esa práctica antes habitual de devolver los envases y recibir dinero contante y sonante por ello paso a mejor vida con la proliferación de los soportes no retornables que, de no ser reciclados, acaban formando parte del medio ambiente. De ahí que hace ya veinte años, en Alemania llegaran a la conclusión de que esa vieja pauta era la correcta y la reactivaran a través del sistema SDDR y máquinas Reverse vending que dan hasta 25 céntimos por envase.

A España llegaron tímidamente en 2016 y han continuado proliferando, pero no cuajan: estamos lejos de la conciencia de reciclaje de los alemanes y no la fomenta que las máquinas solo ofrezcan 1 céntimo por envase.

Reciclar los millones de envases que utilizamos cada día es vital para la salud del planeta y que cada consumidor pueda cobrar por ello parece un buen incentivo. Más allá de la conciencia medioambiental de cada cual, recibir dinero por reciclar envases es habitual en más de 40 países, de distintas maneras y con diferente repercusión. Pero no termina de calar en España, cuando a nivel popular era más que habitual hace unas décadas: Tú llevabas tres cascos de Coca-Cola de litro a la tienda y salías de allí con una botella llena sin pagar un duro.

Los envases no retornables acabaron con esa costumbre de reciclar sin saberlo, que promovía la salud medioambiental sin que la mayoría fuera consciente de ello. Ahora, el Sistema de depósito, devolución y retorno (SDDR) se vale de unas máquinas de reciclaje que se conocen como Reverse vending con la misma finalidad de fomentar el reciclaje y proteger el planeta.

Basta con introducir el envase, que es procesado y almacenado, y por cada uno se obtiene una cantidad. Alemania, Dinamarca, Noruega, Suecia, Bélgica, Países Bajos o Canadá lo tienen muy presente desde hace años y son ejemplos a seguir, especialmente en el caso de Alemania y Dinamarca.

Alemania es pionera en el reciclaje de envases desde 2003, cuando comenzó a aplicar un sistema denominado Pfand (depósito), el primer paso del SDDR, por el que literalmente los supermercados pagan por el retorno a través de esas máquinas ubicadas a tal efecto en sus instalaciones. Los aparatos leen la etiqueta de cada envase, lo pesan y le asignan un valor de forma automática. Así se posibilita el abono instantáneo de entre 8 y 15 céntimos por cada soporte reutilizable y hasta 25 céntimos por envases de un solo uso.

La iniciativa se traduce en que en Alemania se recuperan hasta el 98,5% de los envases, según datos de Retorna, que aglutina a empresas de reciclaje, organizaciones en favor del medio ambiente, asociaciones de consumidores y otras entidades, y considera que "en España no hay concienciación con el reciclaje de envases y cobrar por devolverlos podría ser una buena solución". Los españoles hacemos uso cada día de 51 millones de envases (18.000 millones anualmente), una cifra similar a la de Alemania, que nos dobla en población.

No se quedan atrás reciclando Dinamarca, que recupera el 99,5% de las botellas de refrescos y cerveza y el 99% de los envases de PET reutilizable; Países Bajos, que retoma el 98% del vidrio y el 99% del PET reutilizables; o Noruega, donde se devuelven el 98% de las botellas de cerveza y refrescos.

En España, el Reverse vending es poco conocido pero existe. Es una realidad en diferentes puntos de Asturias, Aragón, La Rioja, País Vasco, Cataluña, Murcia, Galicia, Andalucía o Canarias, que fue pionera. Pero también es una anécdota, porque reciclar está lejos de compensar a los consumidores, que solo obtienen 1 céntimo por envase. Es decir: 10 envases en España, 10 céntimos; 10 en Alemania, hasta 2,5 euros. El envase por el que el supermercado ha pagado 1 céntimo, se revende al suministrador por 1,6 para, en principio, amortizar la maquinaria.

La mayoría de los consumidores, además, desconocen que ellos también pagan por el reciclaje, al menos de los envases que lucen el Punto verde (dos flechas cruzadas), que indica que la empresa productora ha abonado una tasa a tal efecto que repercute a cada persona que compra ese producto.

Los fabricantes europeos están obligados por ley a sufragar la gestión y eliminación del 100% de sus residuos, especialmente de sus envases. Como vemos, el Sistema de depósito, devolución y retorno (SDDR) plantea el cobro de una cantidad por cada envase que se dispensa, que se reembolsa al devolverlo una vez que se ha hecho uso de él.

Pero en España es muy diferente, ya que es una única compañía, Ecoembes (Ecoembalajes España S. A.), empresa "sin ánimo de lucro" que aglutina desde 1996 a más de 12.000 empresas de alimentación y bebidas, quien monopoliza la gestión de todo el proceso a través del Sistema integrado de gestión (SIG). Consiste en que las empresas pagan a Ecoembes por cada envase que ponen en los comercios y esta, a su vez, paga a los ayuntamientos, que son los encargados del procesamiento. Otra empresa "sin ánimo de lucro", Ecovidrio, administra ese SIG para la recogida y reciclaje de los residuos de envases de vidrio de un solo uso que funciona en España.

Ecoembes recoge envases del contenedor amarillo, plástico, latas o briks, y cobra por todos los envases, aunque solo paga por los que son aptos para el reciclaje. También se beneficia gracias a los que nunca son reciclados, un 60% si atendemos a que la recuperación de envases a través de contenedores en España apenas llega al 40%.

La empresa se opone a un reciclaje basado en el SDDR porque lo considera un sistema mucho más costoso y sin beneficios medioambientales reseñables que, además, encarecería los precios.

También un estudio hecho público por la Universidad Pompeu Fabra (UPF) de Barcelona en abril de 2017, financiado por Ecoembes y Ecovidrio, aseguraba que "el sistema SDDR, que funciona con buenos resultados en países como Alemania, Bélgica o los escandinavos, no resultaría rentable ni en términos económicos ni ambientales", al menos en Cataluña, donde se ha planteado en ocasiones instaurarlo. El trabajo señalaba que prescindir de los contenedores y llevar los envases a las tiendas costaría 298 millones de euros más que el actual sistema basado en los contenedores, 100 euros más por familia y año.

En el polo opuesto se encuentra otra empresa, Ganamos reciclando, un proyecto que nace en 2016 "de la necesidad de conciencia ciudadana sobre el reciclaje selectivo", que apuesta por "fomentar el reciclaje, por medio de la motivación y el incentivo" y que presume de ser "la primera empresa en España en incorporar máquinas de reciclaje con incentivos para premiar la acción de reciclar". A través del sistema de Reverse vending ofrece unos céntimos y cupones de descuento a cambio de envases vacíos.

Una monopoliza el sector y no apuesta por las Reverse vending y la otra trata de que sea habitual cobrar por facilitar un envase, aunque aún no compensa económicamente al consumidor. Mientras tanto, Retorna asegura que cada día se abandonan 30 millones de envases en toda España, potenciales intrusos del medio ambiente, sin control alguno.

Este sistema que se muestra eficaz en más de 40 países no puede tener éxito en España por el componente económico. El arraigo del actual sistema de reciclaje de envases, la escasa conciencia sobre el reciclaje y la falta de alicientes que sí hay en otros países se antojan obstáculos difícil de eludir a la hora de instaurar esta 'nueva' práctica que en Alemania tiene ya 20 años. Allí el reciclaje de envases creció un 17% cuando comenzaron a ofrecerse hasta 25 céntimos por unidad, aunque ya reciclaban el doble que en España.

Gracias al Sistema de depósito, devolución y retorno (SDDR) y a las máquinas de Reverse vending y a sus pagos inmediatos, además de favorecerse una economía circular, que es uno de sus objetivos, es difícil ver envases tirados por las calles de Alemania o Dinamarca, a diferencia de lo que ocurre en muchas ocasiones en España. Solo hay que observar las consecuencias de los botellones en nuestro país para darnos cuenta de que el reciclaje importa poco en la mayoría de los casos y quizás si se obtuviese una cantidad razonable por los envases las cosas serían distintas.

Aunque esta pauta de reciclaje de envases habitual en Alemania también ha provocado que surja la picaresca en el país centroeuropeo. Y es que mucha gente de escasos recursos que antes se dedicaba a recoger cartón o chatarra en las calle para posteriormente venderlo, se han pasado a los envases, con los que pueden acudir directamente a las máquinas y obtener beneficios contantes y sonantes sin tener, además, que aportar dato alguno ni dar cuentas a nadie.

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