Rusia afronta unas descafeinadas legislativas con Putin purgando a la oposición y en mínimos de popularidad

Vladimir Putin quiere perpetuarse en el poder. Así se presentan las elecciones legislativas en Rusia que se celebran este domingo, con el partido del poder en horas bajas y el Kremlin incrementando las maniobras para 'esconder' y acorralar lo máximo posible a la oposición. De hecho, ha intentado en numerosas ocasiones en el último año reformar el sistema electoral, pero solo ha conseguido introducir matices.

Las encuestas no le son favorables si tenemos en cuenta que los partidos opositores podrían sumar, todos juntos, más votos que Rusia Unida. Pero la formación gobernante mantendría una mayoría relevante, aunque algo alejada del 55% que obtuvo en 2016. En todo caso, Vladimir Putin parece haberse asegurado un nuevo triunfo, que se uniría a la maniobra que efectuó para seguir como presidente más allá de 2022.

La palabra que mejor define estas elecciones rusas es apatía. Las medidas ante la pandemia han provocado que los actos electorales se redujeran al mínimo y aunque el Kremlin ha tratado de maniobrar para que el sistema electoral fuera aún más a su favor, solo ha conseguido ampliar el número de nombres para las listas.

De no ser por de aislados pasquines no se advertiría que Rusia se acerca a la elección de una nueva legislatura, que según las encuestas no variará considerablemente y estará conformada por los cuatro partidos oficialistas. Se trata del partido del Kremlin, Rusia Unida, que según el Centro Nacional de Estudios de la Opinión Pública (Vciom) mantendría la mayoría con un máximo de un 44% de los votos.

El Partido Comunista de Rusia (PCR) sería el segundo, con entre un 18% y un 22% de los votos, seguido del nacionalista Partido Liberal Democrático de Rusia, con máximo de un 13%, y la coalición social demócrata de Rusia Justa, con poco más del 7%. No obstante, la encuestadora admitió la posibilidad de que la formación de centro derecha Gente Nueva, un proyecto del Kremlin liderado por el empresario ruso Alexéi Necháyev, supere el umbral del 5% de los votos y se sume al legislativo, algo que poco cambiaría el balance político en el país.

Aunque su partido sigue siendo claramente favorito, Putin no ha dejado de intentar acorralar a la oposición, con detenciones arbitrarias y represión de manifestaciones. Esto último viene sucediendo desde hace meses y sobre todo con las marchas que se han convocado para pedir la puesta en libertad del líder opositor Alexei Navalni.

Las maniobras han incluido, además, la clonación. Aunque pueda parecer propio de una película de ciencia ficción, Boris Vishnevsky, candidato liberal a las elecciones regionales en San Petersburgo, tendrá que enfrentarse a otros candidatos con su mismo aspecto físico, lo que a nivel de papeletas le resta muchas opciones por la confusión que va a generar entre los votantes.

Además, la Comisión Electoral Central (CEC) negó la inscripción a candidatos del partido opositor Yábloko, del Partido de Crecimiento del Partido Libertad y Justicia, e incluso al excandidato comunista Pável Grudinin, en muchos casos por supuestamente tener cuentas en el extranjero. La transparencia de los comicios se ha visto empañada por la negativa de la OSCE de enviar observadores a las elecciones en respuesta a las restricciones impuestas por Rusia con excusa de la pandemia, y la decisión de la CEC de limitar el acceso a las cámaras de observación en los colegios electorales.

El objetivo de Vladimir Putin de reforzar su poder no es baladí, pues sabe que el mundo entra en una era de cambios de poder y en la que Rusia quiere jugar un papel muy activo en el bloque junto a China que enfrente a los planteamientos de Estados Unidos y de la Unión Europea. En ese contexto y ante la crisis en Afganistán, el Gobierno ruso quiere aumentar su influencia en la región. Tanto es así que Rusia no ha sacado del país a su personal diplomática y ya ha iniciado contactos políticos con los talibanes.

Por su parte, el Parlamento Europeo ha pedido que la Unión Europea no reconozca a la Duma estatal rusa y suspenda a Rusia de organismos como el Consejo de Europa si los comicios legislativos son considerados fraudulentos, así como que estudie los lazos del independentismo catalán con la Inteligencia rusa, que reveló el diario estadounidense 'The New York Times'.

En un informe aprobado con 494 votos a favor, 103 en contra y 72 abstenciones, la Eurocámara ha demandado que no se reconozcan las elecciones legislativas rusas del próximo 19 de septiembre, cuando se renovarán los 450 escaños de la Duma estatal, "si las elecciones se reconocen como fraudulentas y que se han llevado a cabo violando principios democráticos y el Derecho Internacional".

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