El Salvador se prepara para encumbrar el absolutismo de Bukele: "La soberanía radica en el pueblo y el pueblo dice que le quiere"

Nadie duda de que las elecciones presidenciales de El Salvador serán este domingo un mero trámite administrativo para su presidente, Nayib Bukele, un plebiscito que consolidará su poder absolutista en un país donde el bukelismo se ha convertido en una religión.

El apoyo popular al presidente es incuestionable, se palpa en las calles, y los sondeos así lo reflejan con más de un 80% de intención de voto: ni siquiera será necesaria una segunda vuelta para que Bukele extienda su poder hasta 2029 en un segundo mandato que viola la Constitución, pero sin que a nadie, o a casi nadie, le importe en El Salvador.

"Bukele va a consolidar su modelo porque está fuera de toda duda que va a obtener una supermayoría en la primera vuelta y prácticamente va a dominar el 100% de la Asamblea Legislativa. Es algo de lo que no hay muchos precedentes", afirma Francisco Sánchez, director del Instituto de Iberoamérica de la Universidad de Salamanca.

"Es un líder cercano a la realidad de su país y ha tomado una serie de medidas, que en Europa nos pueden parecer drásticas o mejorables desde el punto de vista de los derechos humanos, pero que han ayudado a que El Salvador haya dejado atrás el gravísimo problema de delincuencia que sufría la sociedad. No es de extrañar que vaya a obtener muy buenos resultados en las elecciones", coincide Moisés Ruiz, profesor de Liderazgo Político en la Universidad Europea.

Su política de mano dura contra los pandilleros, que ha logrado erradicar la epidemia de criminalidad que sufría el país, es su mejor aval para perpetuarse en el poder, pero el profesor Sánchez subraya que a partir de ahora tendrá que ofrecer "algo más" a los salvadoreños: "No puedes tirarte otros cinco años metiendo a más pandilleros en la cárcel porque teóricamente ya los has metido a todos. La pacificación del país ya está hecha y tendrá que hacer frente a nuevas exigencias sociales. Ya no le va a valer solo con la política de mano dura y ese es el gran reto al que se enfrenta Bukele".

"Hasta ahora ha gobernado bajo un estado de excepción, pero su gobierno tendrá que hacer frente a necesidades que requieren otro tipo de políticas públicas, no solamente en materia de seguridad. La situación económica del país no es muy buena y las medidas que ha adoptado, como el invento del bitcoin, tampoco la han mejorado", añade.

"La economía salvadoreña depende muchísimo de las remesas que envían los residentes en el extranjero y también de la industria 'maquila', que produce en zonas francas productos para la exportación. Las políticas para atraer inversiones y turismo adoptadas por Bukele están yendo lentas", destaca Sánchez.

Lo cierto es que la economía de El Salvador lleva mucho tiempo estancada y las medidas adoptadas por Bukele apenas han tenido impacto a nivel macroeconómico, aunque poco a poco la inversión extranjera empieza a llegar, asegura Ruiz: "La pacificación del país ha permitido que lleguen inversiones porque el dinero es miedoso por naturaleza y antes nadie invertía en El Salvador. El reto ahora es mantener la seguridad en las calles y que la mejoría económica llegue a todas las capas sociales".

"Puede haber más conflictividad social"

Sánchez sostiene que los encarcelamientos masivos que ha llevado a cabo el gobierno de Bukele (más de 70.000, según datos oficiales) pueden volverse en su contra: "Tiene que comenzar a limar un poco los excesos en el tema de los derechos humanos. Los cuestionamientos a nivel internacional no le importan demasiado, pero sí a nivel interno y, aunque el malestar por los excesos del periodo de excepción no se reflejen en los sondeos electorales, sí que pueden crear un clima de conflictividad en ciertos sectores".

"El 80% de las personas detenidas tienen hijos, familias que ahora se han quedado sin cobertura y no tienen otro medio de supervivencia porque dependían del pandillero. Es un problema que está empujando a la marginalidad a un grupo bastante grande de personas, por no hablar de que hay mucha gente encarcelada sin el debido proceso judicial y sin tener nada que ver con las pandillas. Es muy posible que en este segundo mandato tenga algo más de conflictividad social porque el sindicato de agraviados es cada vez mayor. Sus políticas de mano dura no han ido acompañadas de políticas efectivas de creación de empleo o inserción social", explica.

Transparencia de las elecciones

Aunque Bukele cuenta con un apoyo abrumador en las calles, han surgido voces que siembran dudas sobre la transparencia de las elecciones. La Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA) ha denunciado esta semana que El Salvador no cumple con los estándares mínimos de integridad electoral y recuerda que Bukele se presenta a la reelección, pese a que la Constitución salvadoreña "lo prohíbe en al menos 6 artículos".

"La reelección inmediata está prohibida en El Salvador, como en muchos países de América Latina, precisamente porque no se confía en que el presidente no haga reformas del sistema electoral en beneficio propio. Bukele ha reformado la Constitución para poder ser reelegido, como hizo Evo Morales en Bolivia o Daniel Ortega en Nicaragua. Los teóricos populistas creen que es legítimo que un señor reforme las instituciones para seguir en el poder si tiene la legitimidad de los votos, pero después acabas como Venezuela", afirma Sánchez.

"Se ha criticado mucho su reforma de la Constitución, pero es que antes ya disolvió el Tribunal Constitucional y la Fiscalía, los dos únicos contrapesos que tenía su poder. No hay duda de la tendencia autoritaria de Bukele porque El Salvador ya es prácticamente un país de partido único donde la oposición es testimonial en el parlamento", agrega.

El profesor Ruiz, en cambio, avala la reforma constitucional de Bukele: "La soberanía en una democracia radica en el pueblo y el pueblo está diciendo que quiere a Bukele. Ha modificado la Constitución, pero no pasa absolutamente nada porque en muchos países se ha modificado, incluso en España se habla de modificarla"

"Desde la perspectiva de las democracias liberales europeas se puede considerar a Bukele un autócrata, pero en El Salvador había que tomar medidas drásticas para acabar con la lacra de la delincuencia y él las tomó. Creo que Bukele es ahora mismo necesario en El Salvador porque está ayudando al país a ser mejor y ha logrado una recuperación moral de toda la sociedad, que empieza a creer en su futuro. No es el caso de Venezuela, donde también se han perpetuado sus líderes en el poder y el país ha ido para atrás", dice.

Otros reproches de la WOLA apuntan al cambio en el sistema de contabilizar los votos, la reducción de diputados o la utilización de los mecanismos del gobierno para hacer campaña electoral. "Cuando eliminas diputados, reduces la proporcionalidad del sistema y eso rebaja las opciones de los partidos minoritarios. Sabiendo que tienes un amplísimo apoyo electoral, puedes obtener así una representación aún mayor en el parlamento", expone el profesor Sánchez.

Respecto a lo de hacer campaña desde el Gobierno, Sánchez dice que no es un mal exclusivo de El Salvador: "Utilizar el espacio del Gobierno para hacer campaña está prohibido, pero ocurre en todos los países porque es muy difícil controlar que un acto del presidente o de cualquier ministro no se convierta en propaganda electoral". Es más, señala que "Bukele podría perfectamente no hacer campaña porque le votaría igualmente todo el mundo este domingo".

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