"La sentencia sobre las devoluciones en caliente certifica que Europa no está mirando hacia los derechos humanos"

El Tribunal Europeo de Derechos Humanos, con sede en Estrasburgo, dio este jueves carpetazo a un caso que arrancó hace seis años y lo hizo enmendándose la plana. Contra todo pronóstico, la Gran Sala avaló las conocidas como devoluciones en caliente en la frontera española, al considerar legales las expulsiones de dos subsaharianos que cruzaron a Melilla en 2014.

Julio Guinea, profesor de Derecho Europeo, Internacional, Diplomático, Consular y Derechos Humanos de la Universidad Europea, valora este fallo, que rectifica el que el mismo tribunal emitió en 2017 y que el Gobierno recurrió.

¿Le ha sorprendido? Sí. Certifica que Europa no está mirando hacia los derechos humanos. Pensaba que iba a avalar la sentencia anterior. Hay una involución. A aquellos que cruzan a territorio español hay que atenderlos y saber su situación. Pueden tener derecho de asilo o refugio y no se les está dispensando.

Se argumenta que los migrantes se pusieron en una situación ilegal. Lo que está diciendo es que esas personas tendrían que haber acudido al orden jurisdiccional del Estado. Al no hacerlo no han seguido los pasos que pautan los protocolos y en ese sentido no pueden alegar que está bien hecho. La pregunta es si existen cauces legales para gente en situaciones desesperadas. El tribunal se escuda en el procedimiento para no opinar sobre el fondo, cuando medios y ONG han constatado que en la valla se cometen auténticos atropellos a los derechos humanos.

¿Por qué el tribunal cambia de postura? Está configurado por nacionales de los estados miembro del Consejo de Europa y no son ajenos a la situación política del continente. Saben las presiones que sufren los gobiernos y que una mayoría de la sociedad tiene relativa indiferencia hacia lo que ocurre en las fronteras y le pide a sus gobernantes más mano dura.

¿Se ha debido al escenario actual? En Europa está habiendo tensiones identitarias, la población se está replegando hacia sí misma. De ahí que surja ese sentimiento de nacionalismo que algunos partidos están representando y enarbolando de una manera tan fuerte.Los jueces no habrán querido llevar a cabo una sentencia que hubiera sentando un precedente y hubiera obligado a repensar las fronteras europeas. Estarán pensando que esos problemas van a seguir existiendo hasta que la UE no se pongan de acuerdo sobre qué modelo de fronteras tiene que tener.

¿Cierra esto la puerta a otras denuncias? No. Si en un futuro otro migrante ve que se han vulnerado sus derechos en frontera podrá acudir al TEDH, que es un mecanismo de protección de los derechos fundamentales en Europa. Para los dos demandantes de este caso sí ha finalizado el proceso. Por encima de este tribunal no hay otro.

Esto no implica que el Gobierno deba aplicar estas prácticas. Para un sector más conservador es una victoria pero este Gobierno debería reflexionar y ser valiente. Es para reflexionar y preguntarnos si estamos haciendo una política en frontera humanitaria, acorde con los derechos humanos. Y este Ejecutivo tiene la oportunidad de hacer algo valiente, que es retirar elementos hirientes, como las concertinas, que han empezado pero todavía no han terminado, y después tener un trato humanitario con aquellos que llegan.

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