Síntomas del dengue: qué es, causas y tratamiento

Desde 2015, el dengue es, en España, una enfermedad de declaración obligatoria; un dato que indica que las autoridades sanitarias le atribuyen cierto potencial epidémico. De hecho, desde 2018 se han venido registrando en España casos endémicos (es decir, que no han sido importados desde otras áreas por viajeros), algo que anteriormente no había sucedido. Pero ¿en qué consiste esta enfermedad, cómo se contrae y cuáles son sus síntomas?

El dengue es una enfermedad infecciosa vírica causada por alguno de los cinco tipos del virus DENV, del género flavivirus. Se trata de una enfermedad que se conoce desde la antigüedad y que históricamente ha afectado especialmente a las regiones de clima tropical y ecuatorial, pero que en tiempos recientes ha empezado a aparecer de forma endémica en zonas templadas en las que los veranos son cálidos y húmedos.

Se transmite a través de varios vectores, particularmente mosquitos del género Aedes (siendo los dos más extendidos el mosquito momia, Aedes aegypti y el mosquito tigre, Aedes albopictus) que son endémicos de latitudes tropicales pero que son especies invasoras en varias zonas templadas de todo el mundo.

El cuadro clínico del dengue varía mucho de un paciente a otro. Por un lado, un 80% de los infectados son asintomáticos; cuando no es el caso, los cuadros se dividen en dos variantes: leve y grave.

El cuadro leve (más habitual), consiste en la aparición, tras un periodo de incubación de entre cuatro y diez días, de fiebre por encima de los 38º, cefalea, dolor retroocular, dolor intenso en las articulaciones y músculos, inflamación de los ganglios linfáticos y erupciones en la piel en forma de multitud de pequeños puntos rojos,

De hecho, incluso en la versión leve, el dolor articular y muscular es tan intenso que le ha valido al dengue el sobrenombre de 'fiebre quebrantahuesos'.

Cuando se presenta el cuadro grave (que es sensiblemente menos común), las manifestaciones incluyen trombocitopenia (disminución de las plaquetas en sangre), hemorragias por los orificios (sangrado nasal, transvaginal, urinario), hemorragias por las encías, estreñimiento, nefritis y complicaciones renales, hepatitis, ictericia y otras complicaciones hepáticas, inflamación del bazo, náuseas, vómitos, diarrea y cambios en la percepción del sabor.

En determinados casos, esta condición puede progresar hasta causar al paciente un colapso circulatorio o cardiovascular; es decir, que el sistema circulatorio se vuelve incapaz de transportar sangre oxigenada a los tejidos. Algunas de las señales de alarma al respecto son el estado de choque, distensión y dolor abdominal, palidez y frialdad en manos y pies, sudoración abundante, hemorragia por las mucosas, somnolencia, irritabilidad, taquicardia, hipotensión, taquipnea (aumento de la frecuencia respiratoria) o dificultad para respirar y convulsiones.

No existe un medicamento específico para el dengue, por lo que el tratamiento consiste en atajar aquellos síntomas que ponen en peligro la vida.

En el caso de los cuadros leves, simplemente se recomienda prevenir la deshidratación a través de la ingesta de abundante líquido y evitar el uso de aspirina o antiinflamatorios no esteroides, ya que estos medicamentos tienen efectos anticoagulantes que podrían agravar una hemorragia si se presenta.

Cuando el paciente presenta una gravedad mayor o pertenece a un grupo de riesgo, se prescribe su hospitalización por un periodo mínimo de 72 horas con reposición de líquidos endovenosos, monitoreo de los signos vitales, del gasto urinario (cantidad de orina) y del hematocrito.

En los casos más extremos, el paciente requiere el ingreso en la Unidad de Cuidados Intensivos.

Así pues, es muy importante tomar medidas de prevención eficaces, como puede ser la aplicación de la vacuna. Existen dos sueros contra el dengue: Dengvaxia, que es parcialmente efectiva en personas que hayan sido infectadas una vez antes de la aplicación pero puede empeorar el cuadro en aquellas que no lo hayan sido, y DENVax, que es eficaz en algunos tipos del virus pero no en todos.

Por otro lado, en lugares donde los Aedes son endémicos pueden ayudar medidas como usar repelentes de mosquitos, evitar el uso de perfumes, colocar mosquiteras en torno al enfermo, buscar puntos en los que pueda acumularse agua y eliminarla, tapar fosas sépticas y pozos negros, o limpiar los canales de desagüe.

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