La vacunación en la España Vaciada, un proceso distinto: problemas para desplazarse, solidaridad entre vecinos...

España ha administrado hasta este viernes más de 19 millones de dosis de las vacunas de Pfizer, Moderna, AstraZeneca y Janssen contra la Covid-19. Y ya hay más de 5,9 millones de personas -un 12,6% de la población- que han recibido la pauta completa. Además, 13.271.511 de personas -un 28% de la población- tienen al menos una dosis.

El pasado jueves tuvimos un récord diario con 573.014 dosis administradas y este viernes se inocularon 558.552 unidades. De hecho, el ritmo ha crecido muchísimo en las últimas semanas debido a la llegada de más dosis y la aceleración del proceso de vacunación. Sin embargo, cuando hablamos de la vacunación, todos nos imaginamos colas para entrar a vacunarse en grandes estadios de la ciudad como es el Camp Nou en Cataluña, Wanda Metropolitano en Madrid y Ramón Sánchez-Pizjuán en Sevilla, e instalaciones con capacidades masivas como la Sagrada Familia o el WiZink Center.

¿Y en las zonas rurales? Poca información se tiene de cómo está siendo el proceso de vacunación en las zonas rurales. La España Vaciada se caracteriza por el envejecimiento y la despoblación. Son factores que hacen necesarios vacunar ya a la población de estas zonas, pero la falta de recursos (transporte público, centros de salud, infraestructuras) y personal, los pueblos dispersos y aislados, y personas más mayores, que no pueden desplazarse con facilidad, dificultan el proceso.

María José Gil, gerente de Segovia Sur, una asociación sin ánimo de lucro para el desarrollo rural, cuenta a 20minutos, que la vacunación en esta zona ha sido muy lenta, más lenta de lo que les gustaría y que ha habido mucha incertidumbre, aunque cree que eso también pasaba un poco en el resto del país. Sin embargo, señala que el problema está en que la "mayor parte de la gente que vive en los pueblos tiene que buscarse la vida como puede para desplazarse" a los espacios donde les toca vacunarse. "Algunos no tienen a los hijos en Segovia y por las restricciones, tampoco pueden ir a acompañar a sus familiares", añade María José Gil, que reside en Cantimpalos, un municipio segoviano de 1.340 habitantes, pero que trabaja con pueblos con mucha menos población.

Añade que lo que les salva un poco es "la solidaridad de los vecinos". Por otro lado, señala que la conservación de las vacunas en dichos municipios es otra de las complicaciones que han tenido. En cuanto a cómo han recibido la notificación las personas de estos municipios segovianos, Gil explica que las personas de más de 80 años ya están vacunados todos y que les notificaron personalmente. Mientras que en el resto de grupos está siendo por WhatsApp y Telegram y también hace mucho el hecho de que se conozcan todos entre todos. El boca a boca sigue funcionando en los pueblos.

Rogelio, de 65 años, es un farmacéutico que vive en la localidad turolense de Oliete de 343 habitantes. La vacunación a su pueblo llegó dirigida desde la villa, Andorra, y desde allí se han coordinado las vacunas con los protocolos por edades y por riesgos. Rogelio, por su parte, sí que ha destacado que ha sido y es fácil el proceso de vacunación. "Ha sido bastante fácil porque la población está muy localizada y se tiene en cuenta la gente que hay", agrega y cuenta que en su pueblo se han facilitado furgonetas para llevar a vacunarse a las personas que no tienen ningún familiar que las traslade a Andorra (municipio donde se encuentra el centro de salud que le corresponde a Oliete).

En cuanto a la velocidad de la vacunación, Rogelio -que se vacunó hace unas semanas- lo achaca a la disponibilidad. "La verdad es que va todo lo ágil que ha podido a ser por la disponibilidad", recalca. Además, cree que ha funcionado muy bien el proceso porque "no son números, sino personas". "En la farmacia hemos hecho una aplicación de salud informando que van diciendo las autoridades sanitarias sobre el rango de edad que toca, también les he buscado la hora yo mismo. En un pueblo, somos una gran familia", expresa.

Henar, por su parte, una médica de familia que trabaja en Tamames (Salamanca), 784 habitantes, narra que el proceso de vacunación empezó con las residencias y domicilio, al que iban a una médica y un enfermero. Se vacunaba casa por casa y se esperaba en esa casa los 15 minutos por posibles alergias y después se iban a otros domicilios. Tamames es una zona básica de salud al que corresponde casi una veintena de pueblos y es donde se tienen que vacunar todos (menos los grandes dependientes y los mayores de 80 años que fueron vacunados en sus casas). Estos pueblos solo disponen de un consultorio y el médico o la enfermera va una vez a la semana para ver a sus pacientes, algo que se ha dejado de hacer por la pandemia.

En Tamames tienen montado un pabellón, en el que ayudan voluntarios de Cruz Roja, y es ahí donde los vacunan. No obstante, señala Henar, que los muy mayores o los que tienen dificultades para moverse hasta la zona, les acaban vacunando en sus domicilios. "Por ejemplo, a un señor -de uno de los tres pueblos que tiene asignados- que puede caminar, pero vive en una segunda planta y es imposible que baje las escaleras, le tuve que vacunar en casa", cuenta la médica.

Tal como ya se ha señalado, al principio las citan eran personalizadas, pero después se empezó a vacunar por franja de edad. Desde la Gerencia les mandaban unos carteles que se tenían que colgar en los pueblos para informar a la gente. También hacen esa labor las farmacias o boticas y los alcaldes. "Los pueblos que me toca son de menos de 100 habitantes. Lo que funciona en ellos es el boca a boca. Yo les informaba en las consultas y les decía que estén atentos cuando ya sabía a qué grupo de edad tocaba". Con este sistema, añade, "puede fallar alguno, pero siempre por causa justificada".

El verdadero problema, confirmando lo que apuntan Rogelio y María José, es el desplazamiento de los vecinos, muchos de ellos son población envejecida y no tienen medios de transporte público. Los tienen que llevar familiares, vecinos... Para la vacunación, además, "se necesita material por si pasa algo" y es que "no hay recursos". De hecho, cree que lo mejor es vacunar a una franja de edad de un pueblo y luego trasladarse a otro. Pero que vayan a los que les toque al pabellón de los casi 20 pueblos es la manera "más justa" para la población.

María José Gil, de Segovia Sur, denuncia que ya no se desplazan los sanitarios a los consultorios locales (todo telefónicamente). "Hay gente que lleva mucho tiempo sin ver a su médico. Y la gente mayor no utiliza las nuevas tecnologías", e incluso no usan mucho los móviles. "En el medio rural no estamos siendo atendidos al 100%. No está funcionando", expresa.

Henar, médica de familia -aunque también está vacunando y tiene guardias para atender en urgencias del centro de salud- explica que a ella las llamadas que recibe quedan apuntados en el sistema informático, y después llama a sus pacientes. Pero las llamadas las realiza solo si es para dar el resultado de una analítica, una receta, etc. "Si es cualquier cosa de patología, yo prefiero verlos. Llevo tres pueblos y voy una vez a la semana a ver a mis pacientes a los consultorios. Ese día baila en función de si tengo o no citas", añade. Si es un sospechoso de coronavirus, los cita en la carpa que montaron para estos pacientes y les atiende ahí. Sin embargo, si la persona no se puede desplazar, lo que hace es acudir a sus domicilios porque en los consultorios no hay personal de limpieza a todas horas.

"Soy una defensora de la asistencia presencial. Es fundamental", defiende Henar, que en su centro de salud trabajan siete médicos y siete enfermeros. Todos realizan varias funciones y cuenta que a principios de la pandemia, casi la mitad del personal estaba de baja por Covid y que ahí lo pasaron mal. "La pandemia en Salamanca empezó en Tamames": con esto lo resume todo.

"No puedes hacer medicina por teléfono, hay cosas que se detectan al ver al paciente. El filtro del teléfono está bien para recetas, resultados, cosas menos graves y para que no se junte mucha gente en el consultorio y evitar contagios", matiza. A esto se añaden otras dificultades. En muy pocos pueblos hay un electrocardiograma (una prueba común que registra las señales eléctricas del corazón), entonces todo se tiene que hacer en Tamames.

A principios de la pandemia era difícil desplazarse. Había miedo. Pero dice que esto ya pasaba antes de la pandemia y que lo que hay que "hacer es mejorar la situación para que ellos puedan moverse al centro de referencia" (taxis pagados por los ayuntamientos, jóvenes con vehículos que los trasladen y luego cobren por ello). "Si queremos evitar la despoblación, una solución, en parte, es que haya un transporte para ir al centro de salud de referencia. Algo que tienen que hacer los ayuntamientos", considera.

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